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¿Si o no, esta es la cuestión?

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¿Si o no, esta es la cuestión?

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Entre los poco más de tres millones de irlandeses con derecho a voto encontramos opiniones de todo tipo.

Los taxistas han protagonizado una de las protestas más sonadas de las últimas horas. Temen que la Unión Europea liberalice las licencias y creen que las cosas irán a peor, caso de ganar el “si”: “Mi mensaje es que voy a votar que “no”, la gente dijo “no” hace casi dieciseis meses, ahora ¿Por qué nos vuelven a preguntar lo mismo otra vez?, dice Dave Weafer, taxista de Dublín. Pero las cosas han cambiado, las colas de paro son cada vez más largas, porque la tasa de desempleo podría alcanzar el 15% a finales de año. El llamado “tigre celta”, modelo de desarrollo, ya no ruge, y la contracción de su economía llegará al 8%. Los que buscan trabajo apuestan por el “si” como la joven Claire Gillespie: “Voy a votar “si”, será bueno para la economía. Podemos perder nuestro propio rumbo si votamos que “no”. Precisamente la crisis ha avivado en los últimos meses las manifestaciones contra el Gobierno de Brian Cowen, que tiene miedo de quedarse solo si vuelve a ganar el “no”. Otro “no” irlandés sería, en opinión de Cowen, un auténtico varapalo para Europa, que funcionaría a “dos velocidades”. La iglesia, en un país profundamente católico, también ha hecho su particular campaña para evitar una legalización del aborto, aunque oficialmente, el cardenal Séan Brady, ha dicho que “un católico puede, sin reservas y en buena conciencia, votar sí al Tratado de Lisboa”. Precisamente, el respeto de su política relativa a la interrupción del embarazo, de su neutralidad militar y de su fiscalidad sobre las multinacionales, permitieron al Gobierno convocar esta segunda consulta. Irlanda se juega este viernes al todo o nada su futuro en Europa