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La estrategia en Afganistán enfrenta a EEUU y sus socios europeos

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La estrategia en Afganistán enfrenta a EEUU y sus socios europeos

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El conflicto de Afganistán une y separa a la administración Obama de sus socios europeos. El Pentágono reclama más tropas al presidente estadounidense para no perder la guerra contra los talibanes, pero esta decisión podría ponerle contra las cuerdas del Congreso y de la opinión pública, que comienza a estar harta de la guerra. Por esa razón, el inquilino de la Casa Blanca busca el apoyo material, más que la comprensión, de sus socios en la ISAF, la mayoría europeos.

El mensaje quedó claro en la reunión que mantuvo el pasado fin de semana con el Secretario General de la OTAN, el danés Ander Fogh Rasmussen: “Esta no es una guerra estadounidense argumentaba Barack Obama. Es una misión de la OTAN también. Y estamos trabajando activa y diligentemente para consultar con la OTAN todos los pasos dados en el conflicto”. Rasmussen concedió que había que hacer “más esfuerzos”, pero recordó que los aliados han pagando un “alto tributo” en Afganistán y que algunos tienen una visión muy distinta de cómo ganar la guerra. En este sentido, los ministros de Defensa de la UE abogan por centrar los esfuerzos en formar y entrenar al ejército y la policía afganos. Estados Unidos mantiene 68.000 efectivos desplegados en Afganistán y el resto de países, la mayoría europeos, unos 35.000. El Pentágono reclama 40.000 más para ganar la guerra. Sus socios europeos apuestan por enviar 17.000 instructores que formen a 130.000 soldados y a 80.000 policías. Parece claro que los europeos se negarán a enviar más tropas si no es para entrenar a las fuerzas afganas, una misión que, a pequeña escala, ya realiza con éxito un batallón belga. Pero la misma determinación muestra el comandante en jefe de la ISAF, el general Mc Chrystal, al solicitar refuerzos para el combate: “Necesitamos dar un vuelco a la situación actual y el tiempo apremia. Esperar no mejorará las cosas. Este esfuerzo no será crucial indefinidamente, ni tampco el apoyo de la opinión pública”. En esta encrucijada estratégica, hay quien recuerda que la insurgencia afgana ya venció a una superpotencia y advierte de las nefastas consecuencias que tendría para Occidente una victoria del extremismo islámico sobre las fuerzas de la OTAN.