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Pakistán: entre la lucha contra el islamismo y la amenaza de la guerra civil

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Pakistán: entre la lucha contra el islamismo y la amenaza de la guerra civil

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Con el ataque del Ejército paquistaní contra la mezquita roja de Islamabad en 2007 se acabó la política de paños calientes entre el gobierno paquistaní y los grupos islamistas del país.

En julio el ejército ordenó el asalto del feudo de un grupo islamista próximo a Al Qaeda, vinculado a las tribus de Wazisistan del Sur. El imán de la mezquita y setenta personas resultaron muertas por el ejército. Pakistán cede por primera vez a la presión de Washington para combatir a los movimientos vinculados a la red que atacó el Pentágono y las Torres gemelas el 11 de septiembre de 2001. Los islamistas lo tomaron como una declaración de guerra. En agosto aviones teledirigidos estadounidenses eliminaron a un líder talibán en Wazaristán del Sur. Como consecuencia, las tribus, hasta ahora divididas y enfrentadas en una guerra por el poder en la región juntas filas. El nuevo líder Hakimullah Meshud, controla más de 10 mil combatientes y amenaza con más y más violentos ataques contra el ejército. A principios de octubre una devastadora ola de atentados talibanes mata más de 176 personas en doce días en el noroeste de Pakistán. Solo una pequeña parte de la tragedia de los más de dos mil muertos víctimas de la insurgencia islámica radical en el país. Entre los objetivos: comisarías, la sede de la policía de élite paquistaní o la Academia de Policía de Peshawar. Pese a la ayuda estadounidense el gobierno de Islamabad está lejos de eliminar a los movimientos vinculados a los talibanes afganos. El ejército estadounidense acusa al paquistaní de evitar enfrentamientos con los grupos del norte, en Waziristan, la frontera noroeste del país y en Quetta, supuesto santuario del Mulá Omar, líder de los talibanes afganos. La Agencia Central de Inteligencia estadounidense acusa a los militares paquistaníes de financiar a los talibanes en Afganistán que seguirían adiestrándose en campos de entrenamiento en Pakistán. El año pasado los talibanes recibieron 106 millones de dólares. Suficientes para seguir reclutando combatientes, incluso en Alemania. La ofensiva en Waziristan del Sur mantiene en el filo de la navaja al gobierno de Pakistán: por un lado la presión internacional, por otra el riesgo interno de un levantamiento islamista con capacidad para provocar una guerra civil. El mismo movimiento acusado del asesinato de la ex presidenta Benazir Bhutto.