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En el límite de lo real y lo virtual


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En el límite de lo real y lo virtual

Nos metemos en una sala animada, irreal. Y no es ninguna atracción, estamos ante lo último en materia de realidad virtual como nos explica el profesor e investigador Paul Verschure:

“Estamos en la máquina de inducción experimental del proyecto PRESENCCIA. Con ella intentamos entender cómo los humanos actúan en entornos físicos y virtuales.” El proyecto europeo PRESENCCIA intenta construir el mundo virtual más real posible. Para ello, Paul Verschure y su equipo investigan cómo actúa el cerebro para construir nuestra visión personal del mundo y nos explica: “Imagina que lo que ves cambia de paisaje continuamente. Esto te produce un efecto de irrealidad. Por eso intentamos lo contrario: desde un punto de vista psicológico creamos una realidad virtual lo más parecida posible al mundo real. Creamos una visión conjunta, para todo el mundo, sobre un mismo espacio.” Desde Barcelona, Paul intenta desarrollar una verdadera interacción entre ordenadores y personas. De esta forma, en un futuro, podríamos borrar de nuestras existencias objetos como el teclado, la pantalla o el ratón. El proyecto PRESENCCIA se realiza conjuntamente en varios países europeos. Nos desplazamos a Austria. Aquí, el estudiante Petar Horki está controlando un sistema de realidad virtual con su cerebro. Petar se imagina que camina y parece que lo consigue, virtualmente por supuesto. Esto se debe a que los sensores reaccionan ante la actividad cerebral. Este sistema podría llegar a ayudar a personas discapacitadas. Petar nos cuenta su experiencia: “No hago ningún movimiento, sólo imagino que doy un paso ligero, y gracias a mi imaginación consigo moverme… aunque sea en ésta habitación virtual.” El mayor desafío del proyecto es crear un entorno virtual a escala humana real para que éste sea creíble. Además, la realidad virtual tiene otras ventajas como nos explica el profesor del Instituto austriaco para el Descubrimiento del Conocimiento: “El paciente tiene que mover su silla de ruedas con su mente. Y el efecto es el mismo cuando esta silla se desplaza en la realidad que cuando lo hace mediante realidad virtual. La realidad virtual es un medio de investigación más barato y sin riesgos.” También en Austria, el director de g.tech Christoph Guger desarrolla las mismos mecanismos sobre la realidad virtual. Coloca sensores en la cabeza del utilizador y éste debe concentrarse en un icono. En ese momento, los sensores se encienden. Christoph Guger declara: “Para la interacción entre ordenador y cerebro, conectamos electrodos a la cabeza y medimos las corrientes del cerebro. La persona debe observar los iconos que aparecen en una secuencia aleatoria. Su cerebro reaccionará ante esta visión al igual que lo hará el ordenador. De esta forma podremos controlar también otros dispositivos externos.” Cada vez que el icono aparece, el cerebro reacciona. El ordenador registra esta reacción y prosigue su orden. Christoph puede teclear textos o pasearse por su casa virtual sin mover un dedo y certifica que se “han realizado estudios importantes con unas cien personas y el 80% de ellas consiguen dirigir el programa. Para realizar esta experiencia sólo se necesita realizar un electroencefalograma.” Utilizar las señales del cerebro para controlar ordenadores es sólo una cara del proyecto PRESENCCIA. Entendernos mejor a nosotros mismos es la otra cara de la investigación. De vuelta a Barcelona nos encontramos con una voluntaria que se está preparando para darse una vuelta por un bar virtual. Y Mel Slater coordinador del proyecto y profesor de la Universidad Politécnica Catalana nos explica: “Lo que intentamos entender es por qué los seres humanos se comportan de una manera más o menos natural en una realidad virtual.” Las gafas y el casco consiguen que Mar se sienta realmente en un bar. Después de la experiencia, la chica está alucinada: “La conversación que he tenido con el camarero parecía de verdad. Te sientes en la obligación de contestarle.” Mel Slater cree que nuestros cuerpos son la clave para construir una realidad virtual creíble. Y esto es porque cuando interactuamos en un mundo virtual con humanos a escala real, se produce un efecto de realidad. Mel Slater afirma que “cuando te encuentras en una realidad virtual, la manera que tienes de percibir lo que te ocurre es la misma que en la vida real. Utilizas tu cuerpo, giras la cabeza, te agachas, coges cosas. Utilizas tu cuerpo de manera natural. Cuando la gente interactúa en un mundo virtual, se utilizan los mismos mecanismos de percepción corporales que en la realidad. Por eso, a un mismo nivel, el cerebro puede ayudarte a crear la ilusión de que estás en un sitio e interactúas con sujetos de ese lugar.” Las ideas que está estudiando Mel Slater se aplican también a la máquina de inducción experimental, ya que ésta utiliza sensores infrarrojos y cámaras para conseguir un mundo virtual casi real. En un futuro Mel Slater afirma que gracias a la realidad virtual, “grupos de arquitectos pueden venir física y virtualmente y diseñar e inspeccionar su edificio virtual.” La máquina de inspección experimental se puede utilizar también para videojuegos, nuevas formas de hacer cine o entrenar a personas ante situaciones de riesgo. Y además Paul Vershure declara: “La gran diferencia es que se puede estar allí físicamente a una escala que es realista en comparación con el mundo real y el cerebro se adapta a ella. No es algo de cartón-piedra, es una realidad ya que nuestro mayor objetivo es conseguir una experiencia creíble.” Los investigadores creen que este sistema podría conseguir una verdadera interacción entre ordenadores y seres humanos y, en consecuencia, un cambio real en nuestras vidas cotidianas. Para más información http://www.presenccia.org

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