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Turquía e Irán, más que buenos vecinos

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Turquía e Irán, más que buenos vecinos

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Turquía e Irán comparten mucho más que sus 500 kilómetros de frontera común. Sus líderes se visitan con frecuencia, y el presidente turco Abdullah Gul, no esconde el deseo de su país de ser juez y parte en la región.

Ankara quiere mediar en el programa nuclear iraní e impulsa su cooperación económica con Teherán. La cuestionada reelección del presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, en junio, no ha sido ningún obstáculo pese a las críticas de la comunidad internacional. El presidente y el primer ministro turco no se rasgaron las vestiduras y fueron los primeros en felicitar a Ahmadinejad. A nadie se le escapa este acercamiento concretado por Recep Tayyip Erdogan en las páginas del diario británico The Guardian. El primer ministro turco señala que es injusto el trato que recibe el programa nuclear iraní y califica a Ahmadinejad de un amigo con el que tiene una muy buena relación. Una relación que data de la década de los noventa del siglo pasado el marco de un interés común, el gas. Turquía necesita gas iraní, no solo para su propio consumo sino para reforzar su posición estratégica como vía de aprovisionamiento hacia Europa. Irán, por su parte, tiene que exportar para sobrevivir. Los intercambios comerciales entre ambos países alcanzan por el momento unos 6.500 millones de euros. Una cifra que pretenden doblar durante los próximos años. Otro punto de acuerdo, la cuestión kurda. Ankara y Teherán no ocultan su preocupación por el papel de la minoría kurda en el vecino Irak. Consideran que desde la región autónoma del kurdistán iraquí, se sumistra armamento a las milicias que actúan en Turquía. Y no quieren ni oir hablar de un Kurdistán independiente y menos de una partición de Irak. Históricamente la estrategia de Turquía e Irán a nivel internacional ha sido opuesta. Ankara, en la estructura militar de la OTAN desde 1952, siempre ha tenido vínculos estrechos con Estados Unidos, e incluso con Israel. Sin embargo, la decisión de los turcos de impedir la participación del Ejército israelí en unas maniobras en represalia por su papel en Gaza han sonado en Teherán como música celestial.