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Vuelta a la casilla de salida para Opel.

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Vuelta a la casilla de salida para Opel.

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General Motors ha suspendido la venta de su filial europea rompiendo el pacto con Magna. Y los miles de trabajadores de Opel cuyo futuro está de nuevo en el aire no acaban de encajar la situación.

El gigante de Detroit ha hecho tabla rasa con movilizaciones, compromisos, sacrificios y negociaciones de la clase política y las fuerzas sindicales para que el plan de reestructuración de Magna tuviera el menor impacto posible en la plantilla de Opel y Vauxhall, filial británica incluida en el acuerdo de la que tampoco se desprenderá. De los 55.000 trabajadores europeos de Opel, más de 21.000 son alemanes, donde se ubican dos de las tres plantas menos productivas del fabricante, junto la belga de Amberes. Alemania, que ya ha adelantado 1500 millones como aval para el plan de Magna, había conseguido garantías de conservación de empleos que hoy han saltado por los aires. “Yo ya no sé para quien trabajo, si para General Motors o para Opel, ya veremos”, dice un trabajador alemán. “Esto es deprimente, asegura otro. No podemos hacer ni planes de futuro, ni sabemos cómo van a ir a las cosas”. “Nos han engañado, pero habrá que ver qué va a pasar. Ni preguntas, ni nada, hay que plantar cara como lo hacen los franceses, dar fuego si hace falta” concluye un tercero. Precisamente el comité de empresa de Opel de Alemania ha convocado para mañana una huelga que se extenderá por Europa el viernes y el lunes. Con las navidades a la vuelta de la esquina, en una localidad de antigua alemania del este, una mujer explica que “todo es culpa de la política, política barriobajera”. La economía de la región depende en buena parte, y de forma directa o indirecta, del futuro de su planta de Opel.