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Dolor, incompresión y resentimiento

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Dolor, incompresión y resentimiento

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Los ciudadanos estaban eufóricos, mientras los políticos contemplaban atónitos una página de la historia cuyo título estaba escrito: la reunificación de Alemania.

Pero algunos capítulos reflejan dolor, incomprensión y resentimiento, como señala Egon Krenz, el último líder de la Alemania comunista: “Ahora, veinte años después, los ciudadanos que vivieron alguna vez en la República Democrática Alemana, pueden comparar. Tenían una cobertura social que ya nos gustaría tener hoy. Trabajo para todos, un sistema educativo gratuito desde la guardería hasta la universidad, y oportunidades de formación independientes del dinero de sus padres”, señala Krenz. Una opinión todavía hoy compartida por un cierto número de alemanes del Este que se sienten como ciudadanos de segunda. Una sensación natural, en opinión del entonces ministro de Exteriores de la República Federal, Hans-Dietrich Genscher. Porque veinte años, representan bien poco, en un libro de Historia: “Es un proceso que continuará durante muchos años, por supuesto. No se corrigen cuarenta años de desgobierno socialista de la noche a la mañana. Esto genera cierta desilusión. No obstante, la reunificación interna ha avanzado mucho”, según Genscher. No hay duda, el fervor popular de los primeros momentos se transformó en los años noventa en un camino tortuoso y lleno de obstáculos, a uno y a otro lado. Todavía hoy, un reciente sondeo apunta que un 10 por ciento de los alemanes del Este querrían volver atrás. Ganan menos, el paro crece y el éxodo hacia el Oeste es constante. “Ahora veinte años después, mi opinión personal es que Alemania al menos social y mentalmente está aún tan dividida como antes, junto a la línea por la que discurría la frontera entre los dos países”, dice Krenz. “Por supuesto, esto depende de la generación. Yo veo cuando doy conferencias o pronuncio discursos que la gente más joven tiene ante sí un futuro en común. Para ellos, el avanzar por separado de la generación anterior para ellos no cuenta”, apunta Genscher. El cemento gris del muro de Berlín viste hoy colores de esperanza. Los jóvenes tienen el futuro en sus manos para construir una Alemania en donde el Este y el Oeste no sean más que puntos cardinales.

El Muro de Berlín: es.euronews.net/1989-2009