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Lucha contra el cambio climático: una combinación de intereses difíciles de conciliar

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Lucha contra el cambio climático: una combinación de intereses difíciles de conciliar

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El Primer Ministro danés Lars Loekke Rasmussen tuvo que optar por el plan B ante los representantes de los países del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico el pasado domingo en Singapur.

Para salvar la cumbre de Copenague, Rasmussen ha apostado por un acuerdo político, aplazando un posible tratado legalmente vinculante sobre el clima. La negativa de los 21 países del APEC a alcanzar acuerdos vinculantes ha supuesto un jarro de agua fría. De hecho, dos de sus miembros, Estados Unidos y China, producen entre ambos el 40% de las emisiones de gas de efecto invernadero en todo el mundo. Estados Unidos, segundo país más contaminante del planeta, aún no ha avanzado ninguna cifra ni se ha impuesto un objetivo de reducción de emisiones de dióxido de carbono. Una ley para reducir de aquí a 2020 un 17% de dichas emisiones sobre la base de 2005 espera aún su votación en el Senado, tras ser aprobada por la Cámara de Representantes en junio. Tan sólo la Unión Europea y Japón han anunciado compromisos concretos: Una reducción con el año 2020 como límite del 20% para los europeos y del 25% para los nipones sobre los niveles de 1990. Estados Unidos aún no ha hecho público un objetivo concreto. China y la India rechazan cualquier acuerdo que sea vinculante. Estos dos últimos pretenden además, al igual que la Unión Africana, que los países ricos eleven su reducción a un 40% en 2020 sobre las emisiones de 1990. Intereses contradictorios difíciles de conciliar. Mientras tanto, las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando. Entre 1990 y 2008 el incremento ha sido de un 41%, con una especial aceleración entre el año 2000 y 2008. A ello se une una noticia inquietante. Según la revista Nature Geoscience, los océanos y bosques son cada vez menos eficaces a la hora de almacenar el dioxido de carbono vertido a la atmósfera.