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La cumbre de Copenhague sigue viva

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La cumbre de Copenhague sigue viva

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Un plan alentador para unos e insuficiente para otros. Estados Unidos propondrá en la cumbre del clima de Copenhague reducir las emisiones contaminantes un 17% hasta 2020, respecto a los niveles de 2005. Esto se traduciría en tan sólo un 3% si el referente fuera el año 1990, el que han tomado la Unión Europea o Japón.

El secretario de la Convención de la ONU para el Cambio Climático, Yvo de Boer, ha advertido de que “no hay un plan B para Copenhague, sólo un plan A que aboga por la acción”. “Las tormentas fuera de temporada en Asia y América Latina y la sequía prolongada en África han dañado ya seriamente a muchas personas en el mundo en desarrollo”, ha dicho. A estas alturas, sólo Dinamarca confía en que en la cita de Copenhague se logrará alcanzar un acuerdo vinculante que lleve a un nuevo protocolo de Kioto. A dos semanas de la cumbre, los países amazónicos se reúnen hoy para acudir a la capital danesa con una sola voz. “La subida global de la temperatura tendrá un impacto significativo en la estructura de los bosques, en su biodiversidad. Algunos científicos creen que gran parte de la Amazonía no será por mucho tiempo una selva tropical”, ha declarado Andre Muggiati, de Greenpeace. A la cumbre de Manaos, iniciativa del presidente brasileño, acudirán casi todos sus vecinos, excepto Colombia y Ecuador, además de Francia, que cuenta con el departamento de ultramar de la Guayana. El objetivo es llegar a Copenhague con “un mensaje ambicioso”. Brasil se ha comprometido a reducir sus emisiones entre un 36% y un 39% hasta 2020. Para ello habrá que reducir la deforestación de la Amazonía y la quema de selvas.