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El vasto campamento de inmigrantes sin papeles de Calais, al norte de Francia, sigue dando mucho que hablar.

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El vasto campamento de inmigrantes sin papeles de Calais, al norte de Francia, sigue dando mucho que hablar.

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El 22 de setiembre, el gobierno francés decidió cerrar el campamento denominado la “jungla”, compuesto en gran mayoría por inmigrantes afganos que intentaban llegar hasta Inglaterra. Pero la maniobra no ha dado resultado, según afirma uno de los residentes.

“Aún están viviendo en cabañas de tablas y plástico. Están aquí juntos para proclamar que también quieren vivir y sobrevivir.”

“En total, unas 230 personas han pedido asilo desde junio. Dice esta portavoz de la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados. Y como el proceso es largo, aún no sabemos cuantas obtendrán amparo. También hay gente que se ha ido a Bélgica o Escandinavia, pero muchos han vuelto y siguen viviendo aquí en unas condiciones miserables.”

La ciudad de Ostende en Bélgica es el nuevo destino de la mayoría de los inmigrantes que consiguieron evitar la carcel o la repatriación que impuso el gobierno francés.

Conocidos como los “ilegales”, a finales de verano eran unos 15 a pedir protección en Bélgica, ahora ya son alrededor de 70, según las asociaciones de ayuda.

“En Calais, la policía es muy dura. Declara un joven sin papeles. Allí te mandan directamente para Marruecos. Mientras en Holanda puedes terminar en la carcel. Aquí no hay problema, la policía no interfiere.”

A la espera de una respuesta del gobierno, los inmigrantes duermen donde pueden y como pueden en el gran parque del centro de Ostende.