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Concorde: el avion

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Concorde: el avion

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El Concorde fue un sueño supersónico de 24 años.
 
El primer avión comercial capaz de volar a una velocidad dos veces superior a la del sonido. Nació fruto de un proyecto franco-británico, en 1963, cuando el précio del petróleo apenas sobrepasaba al del agua del grifo.
 
El consumo desorbitado de Keroseno o los problemas medioambientales, no se tuvo en cuenta, entonces.  Lo importante, era el reto que suponía para sus países gestores: Francia  e Inglaterra. 
 
Giovanni Magi, periodista y antes piloto: 
 
“Era sobre todo una cuestión de prestigio nacional. Por una parte, estaba Estados Unidos, que había renunciado a un proyecto similar; y por otro, la Unión Soviética, que respondió con una réplica, el Tupolev 144, que fue retirado al poco tiempo de estrenarse. 
 
El Concorde supuso además, un verdadero reto tecnológico durante los años 60-70.
Su desarrollo revolucionó los métodos de trabajo de la industria aeronáutica y abrió la puerta a innovaciones que han sobrevivido con el paso de los tiempos, como los frenos ABS, el teflón, o los mandos de vuelo eléctricos, hoy utilizados por las nuevas generación de aviones.
  
En 1976 el supersónico  comenzó su primer vuelo comercial de Londres a Bahrain y Washington, y de París a Río de Janeiro.
 
“Había llegado el momento de romper los límites: el vuelo supersónico, atrevesar el Atlántico en 3 horas y media, en lugar de 8. Y ahora, gracias al cambio horario, poder estar en Nueva York, 2 horas antes del despegue en Londres o en París. Esto permitiría a los hombres de negocios a concertar una reunión en Nueva York en un día de su jornada de trabajo.”
 
El vuelo supersónico, por supuesto, no era algo apto para cualquier bolsillo. Volar en el Concorde salía tres veces más caro que una línea convencional. La crisis del petróleo en 1973 disparó los precios del combustible para aviones, y éste no fue sólo el único problema:
  
“los aparatos supersónicos comerciales tenían una problemática aeronáutica diferente a los de los aviones convencionales. Por ejemplo, en vuelo, la fricción del aire calentaba el fuselaje hasta cerca de 120 grados centígrados, y éste podía dilatarse unos 30 cms. Eso por cada vuelo. Los pilotos, si tocaban con una mano las ventanillas, podían quemarse.“ 
 
Con sólo 20 aparatos construidos y 15 en servicio, era difícil que cualquier mejora que pudiera hacerse en este avión resultase rentable. El Concorde, por tanto, se quedó en un mito.