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El Reino Unido aclara la ley sobre el suicidio asistido

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El Reino Unido aclara la ley sobre el suicidio asistido

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Quien ayude a morir a un enfermo terminal en el Reino Unido no será procesado, si lo hace por compasión. La justicia británica ha aclarado, tras un largo debate, la ley que regula el suicidio asistido. Las nuevas guías para su aplicación ponen el énfasis en las motivaciones del “cómplice” de la víctima. Por eso, éste no será procesado si se demuestra que lo hizo por solidaridad, pero quizá sí si se beneficia de la muerte a la que contribuye.

Se trata de una victoria para activistas del derecho a morir como Debbie Purdy, quien forzó, con su caso, esta revisión de la ley. “Me parece brillante”, afirmaba, “Creo que es lo mejor que se podía hacer, esta interpretación de la ley de 1961. Una ley que es más vieja que yo”.

Fundamental, a ojos de la Fiscalía, que el suicidio ha sido “una decisión voluntaria, clara, estable e informada” de la persona enferma.

Para algunos, lo que se ha abierto es la puerta a la eutanasia. Como para Margie Woodward, que sufre parálisis cerebral. A ella le preocupa que los minusválidos reciban el mensaje de que su vida no tiene valor, cuando sí lo tiene.

Estas directrices pretenden zanjar un debate de años sobre el suicidio asistido, castigado por la ley hasta con 14 años de cárcel. Desde el año 92, unos 100 británicos han puesto fin a su vida en la clínica Dignitas, en Suiza, donde esta práctica es legal.