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¿Y ahora de qué vivimos?

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¿Y ahora de qué vivimos?

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Es lo que se preguntan las miles de lituanos que se manifestaron, este sábado, en el noreste del país.
 
El cierre hace dos meses de la central nuclear de Ignalina ha empobrecido a los habitantes de esta ciudad de mayoría rusófona. El coste de la calefacción ha sido multiplicado por cuatro. La planta producía más de los dos tercios de la electricad consumida en en el país báltico.
 
“Una vez pagadas todas mis facturas me quedan 50 litas, no sé cómo se puede vivir con eso, por eso estoy aquí”, comenta una ciudadana.
 
El Estado prometió invertir en la zona tras el cierre de la planta impuesto por Bruselas cuando se negoció la adhesión del país a la Unión Europea en 2004. EL presidente del país ha reconocido que hay falta de coordinación en este sentido.