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El cisma de Jerusalén

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El cisma de Jerusalén

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Jerusalén es el gran obstáculo, con mayúsculas, para el proceso de paz entre israelíes y palestinos. Entre otras cosas, porque está íntimamente ligado al contencioso de la colonización. Para el gobierno israelí es una ciudad indivisible y la capital natural de su Estado, aunque la ANP reivindica la zona Este.

Allí viven unos 250.000 palestinos y alrededor de 200.000 israelíes que se han ido instalando a lo largo del tiempo apoyados por el gobierno de Tel Aviv.

En 1967, Jerusalén Oeste estaba bajo control israelí y Jerusalén Este, administrado por Jordania. Durante la guerra, Israel conquistará la parte oriental y el resto de Cisjordania. Las colonias judías comienzan a extenderse entonces entre las comunidades palestinas dibujando unas fronteras nuevas.

Si la ciudad ha adquirido esta importancia es porque su casco antiguo es la cuna de tres religiones distintas:la judía, la musulmana y la cristiana.

En su interior alberga el Muro de las Lamentaciones, el único vestigio que queda en pie del Templo de Salomón; la Mezquita de Al-Aqsa, que es el tercer lugar santo del Islam; y la Iglesia cristiana de Santo Sepúlcro.

Unidos por la historia, estos templos han sido el marco de continuos enfrentamientos inter-religiosos. En el año 2000, una visita del entonces primer ministro israelí, Ariel Sharon, a la Explanada de las Mezquitas desató la segunda intifada. Los palestinos calificaron aquel episodio como una provocación “intolerable”.

La construcción del muro de seguridad israelí entorpece hoy en día el acceso de los palestinos al casco histórico de la ciudad. La obtención de un permiso para construir en ese sector es lento y complejo y el desalojo de familias palestinas, ordenado por la justicia israelí, es cada vez más frecuente.

Desde 1967 todos los gobiernos israelíes, independientemente de su ideología política, han dejado su impronta en la fisonomía de esta ciudad. Su principal objetivo, según el gobierno palestino, ha sido invertir el equilibrio demográfico de Jerusalén.