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Grecia puede provocar el hundimiento de la zona euro

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Grecia puede provocar el hundimiento de la zona euro

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Una previsión alarmista, a la que el gobierno del Giorgos Papandreu intenta hacer frente con un plan de rescate.

Las cuentas de un Estado funcionan como las de una casa. Si los gastos son más importantes que los ingresos, el presupuesto nacional es deficitario. En 2009, cuando los socialistas griegos llegaron al poder revelaron que el déficit era mayor de lo previsto: el 12’7 por ciento del Producto Interior Bruto. Un agujero que contribuyó a ensanchar otro, el de la deuda, que el año pasado se evaluaba al 113 por ciento del PIB.

Estos dos indicadores superan con creces los topes máximos que fija el Tratado de Maastricht y que los países de la zona euro deben cumplir. La prioridad absoluta de Atenas es pues, financiar su déficit y obtener dinero para reducir su deuda pública.

Para ello, el Estado emite bonos y obligaciones, que los bancos, los fondos de pensiones y las compañías de seguros pueden adquirir. En contrapartida, el Estado reembolsa a estos acreedores una serie de intereses, los llamados intereses de la deuda. Estas operaciones se evalúan desde fuera. Las agencias de calificación, les ponen una nota, tomando en cuenta la cuantía de la deuda y del déficit.

Calculan, en suma, las perspectivas de reembolso del Estado. Si la nota es mala, como en 2009, los tipos de interés suben para animar a los acreedores a seguir prestando dinero. Pero también aumentan los intereses, el riesgo de impago y la desconfianza de los mercados.

Si efectivamente Atenas tuviera dificultades para colocar sus bonos, o si no puediera reembolsar en los plazos previstos los intereses, se consideraría que Grecia está en situación de impago. Lo cual repercutiría en la zona euro. Por un lado afectaría a los países acreedores, como Francia y Alemania, cuyos bancos han invertido en los bonos griegos; y también supondría un varapalo para otros países miembros con dificultades financieras como España, Irlanda, Portugal o Italia.

Para evitar el temido efecto dominó que podría desestabilizar toda la economía europea, Grecia se ha comprometido a sanear sus cuentas: congelando los salairos de los funcionarios, retrasando la edad de la jubilación y aumentando los impuestos.

El objetivo del gobierno es reducir en cuatro puntos el déficit. Los griegos por su parte, multiplican manifestaciones y huelgas para protestar contra este riguroso plan de austeridad.