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El metro de Moscú, objetivo de atentados

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El metro de Moscú, objetivo de atentados

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La red de metro de Moscú es uno de los emblemas de la capital rusa. Con ocho millones y medio de pasajeros al día, tiene una de las mayores afluencias de viajeros del mundo. Su puntualidad, la frecuencia de los trenes y el precio razonable del billete lo han convertido en el medio de transporte más popular desde la época soviética.

Algunas de sus 180 estaciones son consideradas auténticas obras de arte, entre mármoles y homenajes a la Revolución bolchevique.
En total, la red suburbana tiene una longitud de 300 kilómetros, distribuida en 12 líneas.

Proyectado en la época estalinista, al metropolitano de Moscú se le conoce con el nombre de “palacio subterráneo”. Comenzó a construirse en 1930 y se inauguró cinco años después, aunque su construcción ha seguido avanzando.

Sus túneles sirvieron de refugio durante los bombardeos de la II Segunda Guerra Mundial. En los años cincuenta, en plena Guerra Fría, algunas estaciones fueron concebidas como refugios anti-nucleares por su gran profundidad.

Irónicamente, todo ello hace de la red de metro moscovita un objetivo aún más vulnerable a los atentados terroristas.

En junio de 1996, unos días antes de las elecciones presidenciales, cuatro personas perdieron la vida en la explosión de una bomba entre las estaciones de Tulskaya y Nagatinskaya.

En el año 2000, una explosión en uno de los pasos subterráneos que llevan a la estación de Tverskaya mató a 13 personas y 118 resultaron heridas.

Los últimos ataques se produjeron en 2004. En febrero alrededor de cuarenta personas murieron en un atentado en la línea Zamoskvorestkaya, que une los dos principales aeropuertos de Moscú. En agosto del mismo año nueve personas murieron en una explosión a la entrada de la estación de Rizhskaia.