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El material nuclear civil, punto débil de la seguridad ante las amenazas terroristas

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El material nuclear civil, punto débil de la seguridad ante las amenazas terroristas

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La amenaza nuclear, tal como el mundo la conoció durante la guerra fría, ya no existe. Sin embargo, su herencia se esta volviendo cada vez más peligrosa, dado que la proliferación de armas nucleares convencionales continúa.

Barack Obana ya lanzaba una advertencia al respecto en su discurso en Praga en 2009: “La tecnología para construir una bomba atómica se ha expandido por el mundo y los terroristas están decididos a robar o construir una. Nuestros esfuerzos para contener este peligro se centran en instaurar de un régimen de no proliferación a nivel global, pero cada vez más países están rompiendo las reglas, y puede que llegue un momento en el que nuestros esfuerzos iniciales no sean suficiente”.

De hecho, Estados Unidos, Rusia, el Reino Unido, Francia y China, las cinco potencias nucleares de la post-guerra, todas ellas firmantes del tratado de no proliferación, ya no están solas.

A ellas se han unido la India y Pakistan, que poseen medio centenar de cabezas nucleares cada una, y Corea del Norte, que tendría entre 6 y 8. Ninguna de estas naciones ha firmado el tratado.

Además, están las potencias nucleares no declaradas o clandestinas, como Israel, que podría tener hasta 200 ojivas nucleras, e Irán, de la que Estados Unidos sospecha que podría producir su primera cabeza nuclear en la próxima década.

Sin embargo, la gran preocupación viene del entorno civil: de la seguridad en los almacenes de material nuclear que los terroristas podrían robar para construir las llamadas bombas sucias: unos artefactos de fabricación artesanal que pueden usarse para contaminar radioactivamente lugares o personas.

Durante años, Rusia ha estado en el punto de mira, como explica Vladimir Chuprov, experto en energía de Green Peace: “Hay muchas fuentes radioactivas, utilizadas en la industria sanitaria o en la del petróleo y el gas. Están también los generadores termoeléctricos de radioisótopos, utilizados para producir calor y electricidad en determinados entornos, de los que hay centenares desperdigados por el ártico ruso. Hay miles de fuentes de radioactividad que podrían usarse para construir una bomba sucia”.

No obstante, expertos como Joe Cirincione, profesor de la Universidad de Georgetown, aseguran que todos los países poseedores de una industria nuclear deberían preocuparse por el asunto: “Algunos países en los que no se piensa normalmente, como Vietnam, Ghana o Argentina, poseen depósitos civiles de uranio altamente enriquecido que podría utilizarse en una bomba. No tienen armas nucleares, pero su seguridad en torno a estos materiales es tan pobre que los terroristas podrían aprovechar ese punto débil”.

Incluso Estados Unidos ha reconocido haber tenido que reforzar las seguridad en sus instalaciones nucleares civiles.