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Atrapados

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Cientos, miles de europeos viven en un agujero negro en las salas de los aeropuertos de todo el mundo.

Las cenizas del volcán islandés avanzan sobre el cielo del Viejo Continente como las cancelaciones de vuelos que han dejado en un callejón sin salida a muchos ciudadanos en África, América, Oceanía y Asia.

Como en el aeropuerto internacional Narita, en Tokio: “Necesitamos algo de ayuda y no nos están dando nada. Estamos decepcionados”, señala un ciudadano británico.

En Francia, con todos los aeropuertos cerrados, como mínimo hasta las primeras horas del lunes, la situación es dantesca.

Todo coincide con el regreso de las vacaciones de primavera en varios departamentos, aunque parece que lo peor está aún por llegar.

“El lunes por la mañana vendrá un montón de gente, ahora están viendo la televisión, siguiendo las noticias, eso es todo. Cuando abramos el lunes será un caos total, ya veremos”, en opinión de uno de los responsables de Tunisair.

Los autobuses de línea son la única posibilidad para ir de París a Londres, por ejemplo, pero para ir a Milán o a Copenhague la espera puede llegar a ser muy, muy larga.

“Estoy harta y cansada porque usted ha visto la cola que he hecho para saber que una tardará una semana para regresar a su país”, dice una pasajera.

La paciencia tiene un límite, pero a todas estas personas les esperan en alguna parte, en su casa, en el trabajo, en una reunión y hoy por hoy no saben cuándo ni cómo llegarán.

De momento cunde la desesperación.