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Brasilia, un sueño arquitectónico convertido en pesadilla

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Brasilia, un sueño arquitectónico convertido en pesadilla

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En su 50 cumpleaños, la capital brasileña nada tiene que ver con la ciudad idílica imaginada por el centenario arquitecto Óscar Niemeyer y el urbanista Lucio Costa. Para Niemeyer, fiel a sus ideas comunistas, lo peor de Brasilia “es la división intolerable entre ricos y pobres”.

Brasilia provoca sentimientos encontrados. O se la ama o se la odia.

“Vine a Brasilia cuando todavía era una niña. Me instalé aquí, me casé, tuve hijos y ya soy abuela. Para mí, Brasilia es maravillosa”, ha declarado Maria da Gloria Suares, vecina de la capital brasileña.

Su construcción, a más de 1.000 kilómetros del Océano Atlántico, simbolizaba un viejo sueño de unidad nacional y de igualdad, que también pretendía conquistar el interior de este gigantesco país.

Planificada para 600.000 habitantes en el año 2000, ahora tiene tres millones y se ha convertido en símbolo de discriminación y corrupción.

Declarada patrimonio mundial de la Unesco en 1987, Brasilia es, sin embargo, considerada por la ONU como una de las ciudades con mayores desigualdades del mundo. Sólo la superan tres ciudades sudafricanas.