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Sol Gabetta, armonía perfecta

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Sol Gabetta, armonía perfecta

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Emoción y energía, una perfecta y armónica unión, esto es lo que la violonchelista argentina Sol Gabetta busca cuando está en el escenario. Con tan solo 29 años ya es una de las solistas más populares del mundo y ha conseguido lo que otros tan solo sueñan: premios, reconocimiento, alumnos e incluso su propio festival, que tiene lugar en Suiza, donde ahora vive.

Sol Gabetta: “Creo que mi personalidad se ha desarrollado a través de la música en un sentido positivo, porque me liberó de lo que otros piensan o prefieren. Estoy contenta conmigo y con lo que hago. Poder compartir esto con todo el mundo es lo que me hace libre”.

Nacida en argentina pero de ascendencia franco-rusa primero aprendió a tocar el violín, aunque pronto descubrió su amor por el violonchelo.

No tardó en subirse a los escenarios. Con tan solo ocho años ya tocaba en público acompañada por su madre al piano.

Hoy, gracias a un crédito, puede tocar uno de los violonchelos más apreciados, hermosos y caros: un Guadagnini de 1759.

Se calcula que cuesta unos tres millones de euros, pero para Gabetta vale mucho más.

Sol Gabetta: “Creo que soy el guarda espaldas de mi violonchelo. Siempre viajas con tu violonchelo y siempre prestas mucha atención, sin embargo podría pasar que un día que estás muy cansada, de viaje, a las cuatro de la mañana, después de un concierto, lo dejas detrás a pesar de lo grande que es. Podría pasar que durante dos minutos tu cabeza piensa en otra cosa y lo olvides. Por eso siempre pienso en el, si lo llevo encima y si viajo con mi hijo, con el único hijo que tengo”.

Casi nunca se aleja de su violonchelo, al que llama Mister Gabetta. Si no están grabando un disco, están viajando juntos alrededor del mundo. Una de sus últimas paradas fue Copenhague, donde tocó con la Orquesta Sinfónica Nacional de Dinamarca el Concierto para Violonchelo de Edward Elgar.

A Gabetta le encanta la atmósfera de los escenarios, a los que sube cumpliendo su particular ritual.

Sol Gabetta: “Siempre como un poco de chocolate negro y en diez minutos soy una bomba. Es extraño, pero es un sentimiento agradable tener dentro toda esta energía. Es bueno”.

Es innegable la capacidad de concentración y la energía que tiene Sol Gabetta en el escenario, al igual que su capacidad para, después saber preparar su próxima aventura musical.