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Francófonos y valones: el eterno bucle belga

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Francófonos y valones: el eterno bucle belga

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Bélgica, un país en donde lenguas y culturas han vivido pegadas unas a otras. ¿O no tanto? El conflicto político lingüístico que ha provocado la dimisión del primer ministro tiene una larga historia detrás. Los gobiernos belgas se han sucedido el uno al otro a una velocidad fuera de toda norma en Europa.

Y las manifestaciones también: la comunidad flamenca reivindica desde hace años más derechos lingüísticos, especialmente en Bruselas donde flamencos y valones francófonos están en conflicto.

El resto de Bélgica está dividido desde 1963 en dos zonas lingüísticas: provincias flamencas al norte, provincias francófonas al sur. Algo que funciona en un mapa pero no tanto sobre el terreno. De hecho la política belga está siempre lastrada a la búsqueda de un compromiso entre comunidades.

La división es la norma en Bélgica. En 1968 los estudiantes francófonos fueron expulsados de la Universidad Católica de Lovaina, en zona flamenca. la Universidad se escindió. Hoy sigue viéndose como un símbolo de la colonización cultural francófona en territorio flamenco.

Han pasado 40 años. Una nueva generación hastiada del mismo paisaje político ha expresado su deseo, entre otras cosas, de unidad, en la universidad y en el país. ¿Tienen una esperanza fundada o utópica?

Algo difícil de decir en un bucle interminable de caras: Verhofstast-Leterme-Van Rompy-Leterme otra vez…

Un gobierno detrás de otro con una vida de pocos meses antes de que el fragil compromiso, reviente por cualquier pretexto o por la slaida de cualquier partido de una u otra comunidad lingüístico-política. Veintiseis primeros ministros desde 1945.

Centralismo, secesión. ¿Tiene sentido Bélgica? Todo se baraja de nuevo. Esta última crisis puede ser tanto un salto atrás como una vuelta más al mismo bucle.