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Moscú mantiene su base naval en Ucrania a cambio de gas más barato

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Moscú mantiene su base naval en Ucrania a cambio de gas más barato

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Rusia tiene una base naval en Sebastopol, en la península de Crimea, desde 1784, en tiempos de la emperatriz Catalina La Grande.
Y, gracias al acuerdo firmado entre Kiev y Moscú, seguirá allí al menos hasta 2042.
Tras la independencia de Ucrania, bajo la presidencia de Boris Yeltsin Rusia se había comprometido a dejar las instalaciones en 2017.
Por un alquiler de setenta millones de euros al año, Moscú tiene allí apostados a unos 18.000 marinos y 50 buques de guerra, incluidos submarinos, fragatas y acorazados.

Esta estratégica prórroga es interpretada como el regreso de Ucrania a la órbita de influencia rusa…

… consecuencia directa de la elección de Víctor Yanukovich. Para el nuevo presidente ucraniano, la mejora de las relaciones con Moscú era prioridad máxima.
Solo llevaba una semana en el cargo cuando fue a visitar a su homólogo ruso Dimitri Medvedev.

Las relaciones entre ambos países se habían deteriorado desde la revolución naranja de 2004, partidaria de una política pro occidental por la que Kiev solicitó la entrada en la Otan.
Pero eso es agua pasada.

“Espero que con el nombramiento de un nuevo presidente en Ucrania, las relaciones entre nuestros países asuman una nueva dinámica”.

Una dinámica con resultados inmediatos: La rebaja de las tarifas del gas ruso, que Kiev pagaba a precios europeos, tras la gran subida impuesta por Moscú por el alejamiento ucraniano.

Según el acuerdo firmado por los dos dirigentes, Ucrania pagará el gas ruso un 30% por debajo del precio de mercado.

Esta rebaja ayudará a Ucrania a obtener un préstamo del FMI de nueve mil millones de euros, y a relanzar su economía, cuyo PIB cayó un 15%, y su inflación rebasó el doce por ciento en 2009.

Kiev, por su parte, le subirá tímidamente el alquiler a Moscú, cinco millones de euros más a partir de 2017.

Los dos países envían un mensaje a occidente: que la presencia de la flota del mar negro en Crimea no supone una amenaza para la seguridad, sino, al contrario, la refuerza.