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David Cameron, el gran favorito venido un poco a menos

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David Cameron, el gran favorito venido un poco a menos

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David William Donald Cameron entró joven en política…

Se considera a sí mismo heredero de Tony Blair. Y no solo por tener la misma edad que el líder laborista al ser nombrado primer ministro.

Ambos coinciden en haberse valido de un pequeño grupo de modernizadores para forzar el cambio en un partido reacio a las novedades.

El candidato conservador también tiene carisma. De verbo fluido ante las cámaras, demuestra también habilidad en los discursos…

Consciente de su gran oportunidad, en esta campaña no ha escatimado esfuerzos ni desplazamientos, transmitiendo sus consignas a lo largo y ancho del país.

Titulado en Eton y Oxford, entra en política al acabar sus estudios. Pero tendrá que esperar hasta 2001 para ser elegido diputado.

A partir de entonces se convierte en figura ascendente de la nueva generación Tory. En 2005 se hace con el liderazgo del partido.

“Emplearé toda mi capacidad para hacerlo lo mejor posible para mi partido y para mi país”.

Y, efectivamente, concentrará toda su energía en la transformación de la imagen de su formación y en situarla en una nueva vía.

Un desafío del que sale airoso: consigue atraer a jóvenes y clases medias sin perder el apoyo de los votantes de siempre.

Los detractores le reprochan sus banalidades y su falta de experiencia. Él se empeña en demostrar que tiene madera de dirigente. Sin embargo, Barack Obama, nada impresionado por su discurso pro-estadounidense y euroescéptico, lo habría calificado como “peso ligero” tras un encuentro.

Al rival de Gordon Brown no se le habría ocurrido pensar antes del comienzo de la campaña que iba a tener que combatir en dos frentes. La aparición inesperada de Nick Clegg, que puede hacer alarde de la misma juventud y modernidad, ha desbaratado un poco su estrategia.

De Blair Cameron también ha aprendido a manejar los registros de emoción y proximidad, ámbitos en los que supera de lejos a Brown.

Pero los electores británicos parecen haber vislumbrado una sombra de thatcherismo en el corazón del proyecto del líder conservador. Y eso podría limitar su esperada victoria.