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Makarapa: el fútbol en la cabeza

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Makarapa: el fútbol en la cabeza

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En Sudáfrica fútbol es sinónimo de fiesta. Dentro y fuera del estadio, desde hace algunos años siempre se repite la misma escena: las famosas
“vuvuzelas” producen un ruido ensordecedor.

Para la fase final de la Copa del Mundo las célebres trompetas estarán presentes en todos y cada uno de los rincones del país africano. Aunque no serán las únicas protagonistas de la fiesta.

El nuevo objeto de culto de los aficionados es mucho más extravagante pero, por lo menos, el oído no sufre; se trata del “makarapa”.

Esta especie de casco, sombrero y gorra, todo en uno, es de plástico y se adorna con los colores del equipo preferido de cada hincha.

Existe desde finales de los años setenta y fue concebido por Alfred Lux Baloyi: el “Padre del Makarapa”.

“Yo soy quien está detrás de todo esto. Yo creé el makarapa. Si ves a los seguidores ataviados con el makarapa y las gafas a juego es debido al Gran Baloyi”, afirma Alfred Lux Baloyi.

Tradición o locura. En Sudáfrica, en cuanto se trata de algo relacionado con el fútbol, el
“makarapa” está por todos lados. Como ocurre en esta tienda de Johannesburgo.

“Ahora se hace cada vez más popular debido a la Copa del Mundo. Pero se trata de un artículo tradicional para los hinchas desde hace bastante tiempo. Es algo propio de Sudáfrica”, declara el propietario de la tienda.

“Estos artículos están hechos única y exclusivamente a mano. Todo el trabajo es manual. Por eso, el proceso de elaboración es lento. Yo tengo un socio, Jan. Él se encuentra en el extrarradio”, añade.

Encargado de la fabricación, Jan tiene su sede de trabajo a una hora de camino, al sur de Johannesburgo. Él ha optado por perpetuar la tradición artesanal.

El nacimiento del “makarapa” se produjo hace unos
30 años. Los mineros de Sudáfrica transformaban sus cascos de trabajo en atuendos para animar a sus equipos.

Comenzó en Johannesburgo y se extendió por todo el país hasta convertirse en una tradición.

Pero, al contrario que Jan, otros han preferido la producción a gran escala: fábricas, máquinas y gran rentabilidad.

La demanda es alta. Hasta el punto de que la propia FIFA ha encargado 2.000 unidades.

Entretanto Jan, continúa ligado al cúter y al pincel. Hace ya 15 años que corta y decora a mano, los famosos cascos de minero.

“Éste es un makarapa inglés. Si vienen aficionados ingleses a animar a sus jugadores y ven este makarapa, seguro que querrán comprarlo. Aquí he puesto la bandera y he escrito el nombre del país en este otro lado. Estoy convencido de que a los ingleses les va a gustar”, afirma Jan Magana.

A pesar de que continúa con el trabajo manual, no tiene intención de dejar escapar la oportunidad que representa la Copa del Mundo. Por eso ha decidido contratar mano de obra en su propio distrito. Se trata de una forma de inserción social a través del trabajo, de la que se siente muy orgulloso. Como cuando el año pasado una gran entidad bancaria le encargó 8.000 unidades.

“Con aquél pedido di trabajo a 56 empleados aquí. Estaba muy contento porque ayudé a varias personas que sufrían porque no tenían nada que llevarse a la boca. Me sentía orgulloso de contribuir a que dejaran de pasar hambre y de que pudieran salir adelante”, declara Magana.

Incansables, Jan y sus obreros cortan, dan forma y pintan los “makarapas”. Luego, son distribuídos por todos lados: a los vendedores ambulantes, a las tiendas en la ciudad e incluso a las agencias de viajes que se ocuparán de los aficionados de todo el mundo.

Gracias, en parte, a Jan, el “makarapa” se va a convertir en uno de los objetos de culto en la Copa del Mundo de fútbol Sudáfrica 2010.