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Luces y sombras de una carrera meteórica

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Luces y sombras de una carrera meteórica

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Los problemas para Garzón comenzaron el día en que decidió abrir las fosas comunes del franquismo, aunque esa no es la única causa que tiene abierta.

Su meteórica carrera en la judicatura despegó en 1988, con su llegada a la Audiencia Nacional. Tenía sólo 32 años y en poco tiempo se haría un nombre en la profesión. La Operación Nécora contra el narcotráfico fue su consagración, como juez y como personaje público. Poco después se dejaría seducir por el Partido Socialista, zambulléndose de lleno en la política. Con Felipe González como presidente, fue nombrado Secretario de Estado para el plan Nacional contra las Drogas.

Un año más tarde, abandona el ejecutivo y su escaño en el Parlamento, decepcionado por la pasividad del gobierno en la lucha contra la corrupción y desatapa la trama de los GAL, que precipitó la caída de González.

La fama internacional le llegaría con el Caso Pinochet. Desde su despacho en Madrid, Garzón cursó una orden para detener y extraditar al ex-dictador chileno, que sentaría un precedente en el derecho internacional para otro tipo de procesos similares.

Su prestigio traspasaba fronteras y llegó incluso a impartir clases magistrales en Estados Unidos. Allí, precisamente, se vio envuelto en un supuesto delito de tráfico de influencias que todavía colea, como las escuchas ilegales que ordenó efectuar en el caso Gürtel, sus otras dos causas pendientes.