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Un futuro para nuestro pasado


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Un futuro para nuestro pasado

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Los edificios históricos están expuestos constantemente a las rápidas variaciones de nuestro entorno. El cambio climático se está conviertiendo en una importante amenaza debido a las lluvias e inundaciones, aunque existen otros peligros como la erosión salina.

Este fenómeno siempre ha estado presente, pero ahora se está acelerando especialmente en los países mediterráneos. La Universidad de Granada, en España, estudia cómo combatirlo.

Lo cuenta el profesor Carlos Rodríguez Navarro: “La zona es cada vez más árida: hay cada vez más acumulacion de sales. Hay un problema de sobre explotación de acuíferos, aporte de sales a los edificios históricos, y si a todo esto sumamos el uso de materiales incompatibles en la restauracion, que aportan mas sales, pues encontramos una especie de bomba en la cual el material afectado es el patrimonio construído. Además, este fenómeno se ha agravado por efectos que se piensa que pudieran ser del cambio climático, por lo que lo que sería una desertización a pequeña escala”.

En el monasterio de San Jerónimo, la Universidad de Granada está estudiando el deterioro producido por la sal y probando métodos experimentales para preservar los edificios. Un ejemplo es la bioconservación, estimulando el crecimiento de una bacteria ya presente en las piedras para crear un bio-cemento que aumente su resistencia.

“Aquí tenemos un ejemplo bastante claro del efecto de las sales. En la zona por debajo han ido cristalizando y esa cristalización ha hecho que grano a grano se vayan cayendo los constituyentes de esta caliza. El perfil que deberia ir por aquí ya no existe”, comenta Carlos Rodríguez Navarro.

En este laboratorio cercano al monasterio, el profesor y su equipo simulan y aceleran los efectos de la erosión salina en distintos materiales. Forman parte del programa europeo Saltcontrol y están trabajando en inhibidores para dicha erosión, por el momento con resultados esperanzadores.

“Como no podemos eliminar en muchas ocasiones las sales, tenemos que vivir con este problema, y tratamos de minimizarlo – explica Rodríguez Navarro – Aquí le hemos puesto un compuesto, un poliacrilato que favorece la nucleación de las sales en el seno de los poros. Este compuesto bloquea el efecto nocivo de la sal. La sal sigue ahí pero hemos bloqueado totalmente su posibilidad de generar presión y dañar la roca”.

Dentro de la iglesia, numerosos murales pintados y otros elementos decorativos han desaparecido a causa de la sal.

Los descubrimientos de estos investigadores parecen detener la erosión de una forma muy simple.

La aplicación de un poliacrilato, utilizado generalmente para pulir el cemento, permite que la sal cristalice de una forma no perjudicial y detiene la erosion.

Como esta erosión afecta igualmente a los edificios comunes, en Australia ha llegado a convertirse en un problema económico y social. Algunos de sus expertos han venido a Europa para buscar soluciones. Uno de ellos es Emoin O’Caoimh, del Departamento de Medioambiente de Nueva Gales del Sur: “La erosión salina es un gran problema. Los propietarios privados están sufriéndoa. Con la presión que ejerce la sal al cristalizarse las casas pueden venirse abajo 15 ó 20 años después de su construcción. Cada año el problema es mayor, y creo que acabará sufriéndose igualmente en Europa, aunque nosotros estemos unos 30 ó 40 años por delante”

En Granada se está abriendo así la puerta a una nueva forma de preservar edificios históricos, pero también los hogares de las familias ante los rápidos cambios de nuestro entorno.

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