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Kirguistán: alarma humanitaria

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Kirguistán: alarma humanitaria

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La ONU pide la creación de un pasillo humanitario, Uzbekistán se niega a reabrir sus fronteras y Moscú no descarta intervenir pero sólo con el acuerdo internacional. Es, en pocas palabras, la última hora en Kirguistán tras cinco días de violencia interétnica que parece responder a un plan organizado para desestabilizar la ya de por sí precaria situación de esta ex república soviética de Asia Central donde tanto Rusia como EEUU poseen bases militares y desde donde se organiza la mayor parte de la logística para la guerra de Afganistán.
 
Según el Gobierno interino kirguís, la situación es hoy más tranquila tanto en Osh como en Jalalabad, las dos ciudades donde se desataron los pogromos en los que han muerto, según cifras oficiales, 170 personas dejando más de 1700 heridos. Las cifras de aportadas por la minoría uzbeka elevan a varios centenares los muertos no registrados ni en morgues ni en hospitales. Y según el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados el número de desplazados internos alcanza ya los doscientos mil, además de las ochenta mil personas que han conseguido huir al vecino Uzbekistán y las más de diez mil que esperan en la frontera. 

La Comisión Europea ha destinado cinco millones de euros de ayuda de emergencia y el Gobierno chino continúa la evacuación de sus ciudadanos con un tercer vuelo chárter fletado para las repatriaciones mientras ofrece, también, ayuda humanitaria por valor de un millón de euros.