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Azotes por hacer grafitis en el metro de Singapur

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Azotes por hacer grafitis en el metro de Singapur

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1.600 euros de multa, hasta 3 años de cárcel y sobre todo, ser azotado en las nalgas con un bastón. Eso es lo que puede costarle al suizo Oliver Fricker, de 32 años, haber llenado de grafitis dos vagones del metro de Singapur.
 
Para grupos pro-derechos humanos, esta forma de castigo es inaceptable. Lo explica Philip Robertson, de Human Rights Watch: “Se trata de un asunto moral, no se puede torturar a la gente. Es algo acordado por la ONU, que se ha convertido en norma en todo el mundo. Y los azotes se consideran una forma de tottura”.
 
Sin embargo, este castigo es necesario, según muchos abogados en Singapur, país que se enorgullece de sus niveles de limpieza y seguridad:
“No nos importa lo que diga la ONU”, afirmaba Subhas Anandan, “Necesitamos los azotes como castigo. Hacemos lo que tenemos que hacer para proteger a nuestra sociedad, ni más ni menos”.
 
El castigo en cuestión, hoy utilizado sólo en partes del sudeste asiático y de África, consiste en azotar en las nalgas a la persona desnuda, inclinada hacia delante. Fricker recibiría entre 3 y 8 azotes si se le declara culpable de este acto de vandalismo.