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El general rebelde

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El general rebelde

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Un general de cinco estrellas, antiguo jefe de fuerzas especiales norteamericanas acostumbradas a trabajar en la sombra. En junio de 2009, Stanley McChrystal tomó el mando de la coalición internacional en Afganistán. Su misón: dar un impulso a una guerra atascada. Promete una nueva estrategia.

El día de su presentación declaró que “el pueblo afgano está en el centro de nuestra misión. Ellos son nuestra misión. Debemos protegerles de la violencia, de la naturaleza que sea”.

Criado en una familia de militares, formado en West Point y Harvard, McChrystal, de 55 años, es un experto en la lucha contra la insurgencia. En su haber figura la eliminación del jefe de Al Qaeda en Irak, Abu Musab al-Zarkaui, en junio de 2006 y la estrategia de desmantelamiento de las células de la insurgencia apoyadas por Irán.

Al poco tiempo de llegar a Afganistán reclamó refuerzos. 40.000 soldados más.

Una filtración a la prensa titulada “Más fuerzas o fracaso en la misión” colocaba la pelota en el tejado de Obama, que reflexionaba acerca de la estrategia a seguir. La presión le obligó a defenderse publicamente afirmando que no había habido ninguna opción sobre su mesa que reclamara el despliegue de más tropas antes de 2010.

En octubre de 2009, el general se enfrentó publicamente con el vice-presidente Joe Biden, el cual defiende un enfoque limitado a la insurgencia, calificándolo de “corto de vista”.

Otros altos cargos de la administración demócrata fueron también blanco de sus críticas, como el general retirado Karl Eikenberry, nombrado por Obama embajador en Afganistán. Eikenberry había mostrado objeciones a la llegada de nuevas tropas mientras persistiera la incertidumbre política en Kabul.