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Bélgica recoge el testigo de la Unión en plena tormenta interna

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Bélgica recoge el testigo de la Unión en plena tormenta interna

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A seis días de asumir la batuta de la presidencia de la Unión, los belgas se lo toman con calma. El Manneken Pis y la opinión publica belga están más pendientes del mundial y del psicodrama interno: el país está sin gobierno y seguirá así previsiblemente durante meses.

Yves Leterme, el primer ministro en funciones ha presentado este viernes el símbolo de la presidencia belga. Una presidencia que no sabe por dónde ir. No en vano la victoria de Bart de Wever, líder de los sepratistas flamencos, en las elecciones legislativas celebradas el pasado 13 de junio, ha añadido, si cabe, más suspense a la formación de un gobierno.

El crecimiento económico, la lucha contra el clima, y la puesta en marcha de un servicio de acción exterior son algunas de las metas de Bélgica en su semestre de presidencia, que se inicíará el 1 de julio.

“Creo que hay que definir correctamente el papel de un Estado miembro que preside temporalmente el destino de la Unión Europea. Este papel consiste en facilitar el proceso de decisiones a nivel europeo”, afirmaba Leterme, añadiendo que su país está dispuesto a mantenerse en sordina, para dejar el protagonismo a otro belga: Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo.

El hecho de que ésta sea la duodécima vez que Bélgica preside el club europeo justifica quizás la relativa calma del país, que debe coger el testigo de la presidencia española.

Otras de las metas del semestre belga son: el sistema europeo de patentes, la seguridad de las trabajadoras embarazadas y por encima de todo: traducir en hechos las recomendaciones sobre la gobernanza económica.