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Mujeres coreanas, entre tradición y modernidad

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Mujeres coreanas, entre tradición y modernidad

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Seúl, una ciudad ultramoderna de cerca de 23 millones de habitantes.

Capital de Corea del Sur, la ciudad experimenta un crecimiento fulgurante y está en perpétua evolución.

La tecnología está omnipresente, el índice de acceso a internet es uno de los más elevados del mundo, hay prensa libre. En definitiva, es un país que en todos los sentidos no tiene nada que envidiar a los estándares europeos.

Con una excepción: la mitad de la población es cristiana y la otra mitad budista. La sociedad está impregnada de los valores y las creencias del confucianismo, que sigue marcando el modelo social del país. Pero en ese modelo las mujeres no encuentran fácilmente su sitio.

Hyan-Jeong, Kil-Ja, Yeong-hee, tres mujeres, tres generaciones y una visión del papel de la mujer coreana que aunque evoluciona, sigue reposando en una base común:

“El papel de la mujer coreana señala Kil-ja es apoyar al marido, ocuparse de la educación de los niños y garantizar la salud de la familia para que el marido pueda trabajar”

“Antes, apostilla Hyan-jeong el papel de la mujer era ocuparse de su marido y educar a sus hijos, pero eso está cambiando, aunque para mi ya es demasiado tarde. Desde que me casé he dejado de trabajar y me dedico a cuidar a mis hijos”

“Al contrario que la generación de mi madre, que se quedaba en casa, dice Yeong-hee me gustaría seguir trabajando después de casarme y encontrar mi lugar en la sociedad…ya veremos si puedo hacerlo”

En la prestigiosa Universidad Nacional de Seúl hay tantas mujeres como hombres. Legalmente, no hay ninguna discriminación sexual en la educación de los niños, más bien al contrario.

Si antes la posición social de una mujer dependía del estatus de su marido, ahora se les empuja a que cursen estudios universitarios, aunque luego la carrera se frena en seco.

El Instituto de Investigación sobre Géneros se ha especializado en las cuestiones relativas al lugar que ocupan las mujeres en la sociedad, en el mercado laboral, y en la familia.

La profesora Eun-Kyung Bae es socióloga:
“En la sociedad coreana, la educación es igual para los niños y las niñas, pero después del matrimonio y el nacimiento de los hijos, las oportunidades laborales terminan para las mujeres. Su carrera profesional acaba. Antes se pedía igualdad, pero después, las mujeres tienen muchos problemas a la hora de reincorporarse al mercado laboral”

Hee-eun Lim tiene 36 años. Antes de casarse era pintora. Su marido, músico de profesión, viaja mucho debido a su trabajo. Tienen un hijo de 11 años. Y desde hace 11 años, Hee-eun se dedica exclusivamente a él:

“Antes pintaba y daba clases dos noches por semana en la Universidad, pero lo tuve que dejar. No me sentía libre. Necesitaba a alguien para ocuparse de mi hijo esas noches y no podía ser mi marido porque estaba trabajando, por eso ahora me ocupo de mi hijo. Esa es mi vida”

Hee-eun no quiere tener otro hijo. Demasiado duro, asegura, pero no se replantea el papel de su marido.

“En el matrimonio, señala la profesora Eun-Kyung Bae tienen mucha influencia los padres, la presión social, sobre todo la elección de los padres. Estadísticamente el número de mujeres que no quieren casarse es bajo, pero la maternidad supone tantas renuncias que es difícil que una mujer encuentre su sitio en esta sociedad. Habría que aligerar las cargas que pesan sobre ellas”

Los jóvenes coreanos también aceptan matrimonios arreglados para poder irse de casa de sus padres.

El resultado es un alto índice de divorcios y la caída en picado de la tasa de natalidad.