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Concorde: la caída de un mito

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Concorde: la caída de un mito

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El 25 de julio de 2000, a las 16h44, hora central europea, un Concorde de Air France se estrella en Gonesse. Acababa de despegar del aeropuerto de París Roissy con destino a Nueva York.

Cien pasajeros, todos alemanes, murieron en el accidente, además de los nueve miembros de la tripulación y cuatro personas en tierra.

En 24 años de carrera, ningún Concorde había tenido accidentes graves. Pero en la investigación se vuelve a hablar del talón de Aquiles del aparato: la fragilidad de los neumáticos, responsables ya de cinco incidentes menores.

La investigación, que se eterniza, desemboca diez años después en la apertura de un proceso, pero al final, otro aparato acaba en el banquillo: un DC10 de Continental Airlines, que había perdido en la pista minutos antes una lámina de titanio. Una auténtico cuchillo que rajó la rueda del supersónico y provocó una serie de impactos que destruyeron parte del depósito.

El mito del concorde surge en 1969. El grupo francés Aerospatiale y Brirtish Aerospace se alían para financiar la construcción del pájaro de acero.

Hubo que esperar siete años para los primeros vuelos comerciales, pero casi inmediatamente después, el avión se convierte en una leyenda con características únicas: 62 metros de longitud, 25 de envergadura, y velocidad mach 2, es decir, dos veces la velocidad del sonido.

Pero el accidente de Gonesse trunca su carrera y le corta las alas durante un año. En realidad, la retirada del avión había sido programada antes del siniestro, pero las dos compañías que lo explotan no quieren que la carrera del supersónico concluya con una tragedia.

Los ingenieros efectúan una serie modificaciones, especialmente en los depósitos y los neumáticos.

El 29 de octubre de 2001 tiene lugar el primer vuelo tras el accidente. Ese mismo año, el Concorde reanuda su actividad comercial, pero el pájaro de Acero no consigue levantar cabeza. En noviembre de 2003, vuelve para siempre a los hangares.

Aunque la Fiscalía confirmó el “papel de causalidad directa” de Continental Airlines, la compañía estadounidense defiende otra tesis apoyada por numerosos testimonios: el Concorde ya estaba ardiendo antes de rodar sobre la lámina de titanio.

El proceso concluyó el pasado mayo aunque no se conocerá el veredicto hasta diciembre. Una batalla judicial entre grandes de la aviación ya que la mayoría de los familiares de las víctimas aceptaron las indemnizaciones de Air France.