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Una cadena sin igual de catástrofes naturales

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Una cadena sin igual de catástrofes naturales

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La actualidad informativa de estas últimas semanas nos ha acercado a una serie de catástrofes naturales con consecuencias fatales para la población local.

Ninguna como la de Pakistán, con 15 millones de afectados en las inundaciones más importantes de los últimos ochenta años.

Para la ONU, esta catástrofe, en lo referente a las pérdidas materiales, está siendo más devastadora que el tsunami de diciembre de 2004.

Pero además de Pakistán, las lluvias han sumido en el caos a la India y China. En este último país, una avalancha de lodo en la provincia noroccidental de Gansu ha causado más de 700 muertos y unas mil personas siguen desaparecidas. La amplitud de la tragedia todavía no se ha calibrado. Este año centenares de personas han fallecido a causa de las inundaciones en el centro y sur de China.

Paralelamente, Rusia está viviendo la ola de calor más asfixiante jamás conocida. Es demasiado pronto para determinar las causas de esta canícula excepcional, pero las consecuencias son bien visibles: decenas de miles de hectáreas de bosque reducidas a cenizas. En Moscú, el presidente Medvedev no ha dudado en relacionar las temperaturas extraordinariamente altas con el cambio climático.

Pero para los expertos, esta causalidad no es tan evidente.

Como revancha, la actualidad contesta con nuevas imágenes escalofriantes que nos recuerdan que el cambio climático sigue su proceso imparable.
Hace unos días veíamos cómo se desgajaba un inmenso bloque de hielo de un glaciar polar en el norte de Groenlandia.

Porque allá, en el polo norte, la relación de lo que está pasando con el calentamiento global no deja lugar a dudas.