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Australia se debate entre la monarquía y la república en las elecciones del sábado

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Australia se debate entre la monarquía y la república en las elecciones del sábado

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Monarquía o República, inmigración, Internet y cómo no, la economía.., los 14 millones de australianos convocados a votar no recuerdan unas elecciones como las de este sábado, en las que hay que tener en cuenta tantos aspectos para decantarse por uno de los candidatos.

La economía australiana está lidiando de una manera ejemplar contra la crisis global. De hecho ha sido el único país desarrollado que no ha caído en recesión. El reto es no desandar lo andado, mantener las tasas de paro a un nivel bajo y que el presupuesto no retroceda.

Soltera a sus 48 años, atea y sin hijos, la actual primera ministra y candidata laborista Julia Gillard, dirige, desde junio, el país. Aunque no fue elegida por la población. Tomó las riendas del laborismo para encarar estas elecciones con mayores garantías que las que ofrecía su sucesor, Kevin Rudd, hundido en las encuestas tras varias decisiones impopulares.

Una de las principales ambiciones de esta carismática polítca nacida en Gales es crear una red nacional de banda ancha, cuyo coste sería de 30 billones de euros, que permitiera al 93% de los australianos navegar a toda vela por Internet.
Todo un reto si tenemos en cuenta el desfase que el país sufre respecto a otros países de su rango.

También pretende imponer un 30% de impuestos sobre los beneficios en los sectores del acero y el carbón, lo que ya ha enervado a los lobbys de esta potente industria.

Pero Gillard también ha vuelto a desempolvar un viejo debate: el de ser o no ser monárquicos.
En 1999, con un 57 por ciento de los votos, los australianos prefirieron que Isabel II continuara siendo su reina, pero el sueño de la República sigue siendo una tentación para muchos australianos.

También es una de las principales brechas que separan a laboristas y conservadores. Tony Abbot, líder de estos últimos, es un encendido monárquico.

Conocido como el “monje loco”, por su antigua vocación eclesiástica que nunca consumó, Abbot es un político chapado a la antigua: en contra del aborto, el matrimonio gay o la investigación con células madre.

Su política en contra de la inmigración es también un buen caladero de votos en un país donde con frecuencia llegan personas en busca de asilo, sobre todo afganos o srilankeses, tras peligrosas travesías.

Abbot, nacido en Gran Bretaña, predica mano dura contra la inmigración aunque ha reconocido que Australia es una nación creada gracias a ella

Laboristas y Conservadores andan en este tema con pies de plomo, miden milimétricamente distancias y y cantan al unísono el lema “Paremos a las pateras”
Aunque hay matices…Abbot quiere reabrir un polémico centro de detención de inmigrantes las islas Nauru. Gillard, en cambio, prefiere Timor Oriental, donde al menos ondea la bandera de la ONU.