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El terremoto de 7,2 grados que ha golpeado, esta noche, Nueva Zelanda no ha dejado víctimas mortales pero sí cuantiosos daños.

El que ha sido uno de los seísmos más potentes de la historia del país ha dañado las estructuras de numerosos edificios y ha producido el corte de los suministros de energía.

El Centro de Gestión de Crisis Nacionales ha activado el protocolo de actuación, según explica el ministro de Defensa Civil: “Nos estamos asegurando de que se está suministrando agua a la gente, es primordial en las próximas 24 horas, estamos buscando fuentes alternativas, informaremos a la gente sobre los puntos de distribución”, dijo John Carter tras declararse el estado de emergencia en la ciudad de Christchurch, al sudoeste de la capital, donde se situó el epicentro.

Nueva Zelanda, situada en el cinturón de fuego del Pacífico, sufre unos 15.000 terremotos cada año.

Este se ha dejado sentir unos 40 segundos en gran parte de la isla Sur y en la parte meridional de la isla Norte, aunque no generó alerta por tsunami.

Las autoridades han estimado que la reparación de los daños costará más de mil millones de euros.

Lo más prudente, ahora, es esperar al raso por si hubiera réplicas.