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El tacón de aguja o los peligros de estar bella

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El tacón de aguja o los peligros de estar bella

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Si la belleza es cuestión de altura, la caída puede ser estrepitosa…. Eso es lo que muchos han debido pensar al presenciar la apartosa caída de una modelo de Burberry en la Semana de la Moda de Londres. Tan difícil se lo pusieron sus zapatos de diseño, que tuvo que salir de la pasarela con uno de ellos en la mano e intentando dar un aire de dignidad a su caminar cimbreante y desequilibrado.

La moda dicta que hay que auparse a unos tacones de aguja para estar bella. “No se pueden llevar siempre. Es un hecho. No importa que estés genial con tacones, no puedes llevarlos siempre porque te hacen daño al cabo de un rato”, responde la voz de la experiencia, encarnada en una joven veinteañera.

Para estar sexys, las geishas sufrían lo indecible con tal de tener los pies pequeños. Este sufrimiento que tuvo su equivalente occidental en el corsé del XVIII. Ahora también padecemos con gusto, emocionadas ante un escaparate de infinitos pináculos. ¿Pero saben que pueden estar poniendo en peligro su salud? Según Simon Chafer, de la Escuela Londinense de Osteopatía, “un tacón de doce centímetros aumenta en un setenta por ciento la presión sobre la articulación del pie, algo que puede ser bastante doloroso. Pero no se queda ahí, la compensación continúa a lo largo de la pierna. Primero en el tobillo. El pie está en una posición muy inestable, con mucha presión sobre los ligamentos”. Sus usuarias además tienden a exagerar la curva lumbar, lo que provoca dolores en la parte baja de la espalda, en el cuello y, en último témino, dolores de cabeza, que nos harán, sin duda, acordarnos del dichoso tacón de aguja.