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Los 33 mineros chilenos, 'resucitados' de su entierro bajo tierra

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Los 33 mineros chilenos, 'resucitados' de su entierro bajo tierra

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Misión cumplida. Poco antes de las diez de la noche, hora chilena, el último de los mineros atrapados en el yacimiento San José, el capataz Luis Urzúa, de 54 años, salía de la cápsula Fénix 2 y se abrazaba con su familia para poner fin a uno de las mayores odiseas de la historia reciente.

La operación de rescate montada por el gobierno chileno fue todo un éxito y, tras casi 24 horas, la cápsula introducida en un tubo de acero había conseguido sacar uno a uno a los 33 mineros atrapados durante setenta días: la mayor supervivencia hasta ahora bajo tierra.

Urzúa se había erigido en el jefe de este cautiverio a 700 metros de profundidad y ejercía su capacidad de mando, aplicando una disciplina necesaria para racionalizar los víveres y mantener la moral entre el resto de sus compañeros. Él fue el primero en comunicarse con la superficie el 23 de agosto, dieciocho días después del derrumbe. Y, por tanto, también se reservó ser el último en montar en este dispositivo que les devolvía a la vida. La emoción era patente.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, también esperaba este desenlace feliz. Piñera estuvo desde el inicio del rescate recibiendo, en el llamado ‘Campamento de la Esperanza’, uno a uno a los mineros que surgían de la cápsula.

“Les quiero decir que, hoy día, Chile no es el mismo país que teníamos hace 69 días atrás. Los mineros no son los mismos que quedaron atrapados ese día 5 de agosto. Han salido fortalezidos y nos han dado una lección”, afirmó el presidente.

Una vez el objetivo conseguido, mineros, equipo de rescate y responsables políticos entonaron enorgullecidos el himno nacional chileno.