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Una segunda vida para los residuos electrónicos

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Una segunda vida para los residuos electrónicos

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Transformadores, cables, componentes,… En el mundo se producen alrededor de 50 millones de toneladas de residuos electrónicos al año, pero ¿a dónde van a parar? Europa apuesta por el reciclaje. En este contexto, Francia se ha fijado un objetivo concreto: recoger 10 kilos al año por habitante de aquí a 2014.

“En 2009, se recogieron casi 6 kilos de residuos electrónicos por persona, de unos 15 que se generaban de media. Es decir, no llegábamos ni a la mitad de lo que queríamos alcanzar. Actualmente se ponen en el mercado unos 20 kilos, o sea que cada persona compra unos 20 kilos anuales de equipos eléctricos y electrónicos”, asegura Laëtitia Warzee, de Eco-Systèmes.

La segunda etapa de la vida de estos aparatos empieza en los puntos de recogida. Desde allí, se transportan a centros como el que existe a las afueras de Nancy, en la región francesa de Lorena. Esta planta, que recibe diariamente kilos de chatarra electrónica, acaba de lanzar una campaña de concienciación sobre la necesidad de reciclar.

“Una vez que llegan, lo primero que hacemos es ordenarlos por lotes para pesarlos, a la vez que identificamos su centro de recogida”, explica el responsable del centro, Pape Gueye.

Estos datos se introducen en un sistema informático que sirve para mantener un seguimiento de la pieza durante todo el proceso. Una vez que han sido catalogados, algunos de los residuos se envían a centros especializados. Los aparatos más pequeños se tratan directamente aquí.

“Nos encontramos de todo: un molinillo de café, la base de un teléfono, una lámpara, un teléfono, un abrelatas eléctrico, hay de todo. El objetivo es quitarles las pilas, los cartuchos de tinta de las impresoras, los cables, y preparar el material, en varias etapas, antes de mandarlo a la trituradora. Lo machacamos para reciclarlo, para que los polímeros, la chatarra, el acero, el cobre, puedan volver a utilizarse en la industria”, asegura Pierre Guyot, director de Envie Lorraine.

Los televisores usados de la región se llevan al centro de Pompey. Todos los meses 400 toneladas de estos aparatos quedan reducidas a su mínima esencia.

“De la televisión, calculamos que se puede reciclar un 98%. O sea que no genera prácticamente residuos, respecto a cuando el aparato terminaba a dos metros bajo tierra y contaminaba 100 metros cuadrados durante 50 años”, dice Guyot. “Hoy en día, cuando usted deposita una televisión en un centro de recogida, puede estar seguro de que no va a contaminar. Lo mismo vale para el conjunto de residuos eléctricos y electrónicos.”

Para desmontar una televisión, lo primero es quitar las placas.

“Según el tipo de televisión que sea, también se recuperan los transformadores y condensadores. Son los elementos que más contaminan”, explica Cédric, uno de los técnicos.

“No tiramos prácticamente nada”, concluye.

Mientras que los particulares cada vez están más concienciados con el reciclaje de los residuos electrónicos, todavía queda camino por hacer en el ámbito industrial.