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La clave del reciclaje es la selección del material

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La clave del reciclaje es la selección del material

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En esta escuela rumana, hoy los alumnos tienen una clase muy especial: aprender a reciclar. Saben que es necesario para salvar nuestros bosques. Pero no sólo, ya que el reciclaje de papel contribuye también al ahorro de energía y de agua, así como a la protección el medio ambiente.

En Bucarest, como en la mayoría de ciudades europeas, hay compañías que se encargan de la recogida de papel. Para ellos, la labor pedagógica es fundamental, como explica Mihai Ciurevici, economista en Vrancart:

“Intentamos educar a nuestros colaboradores, incluyendo a los niños de los colegios en los que recogemos papel. Necesitamos que lo aprendan; si nos dan el papel ya separado, nos resultará más fácil reciclarlo.”

El proceso empieza en el punto de recogida, donde se hace una primera selección. Desde ahí, el material se envía a Adjud. En esta ciudad del este de Rumanía se encuentra una de las mayores plantas de reciclaje del país.

Pero en el camión también hay elementos poco deseados, como plásticos o diferentes tipos de papel. Aunque este no es un problema sólo de Rumanía…

“No se recoge la misma cantidad de papel en todos los países de Europa, ni en todas las regiones. Pero tampoco el papel es el mismo; depende de la zona de Europa en la que se haya recogido, de la cultura del país, está directamente relacionado con el número de personas que respetan el medio ambiente”, asegura Cristian Banarie, ingeniero de Vrancart.

Para descubrir cómo se selecciona el papel nos hemos ido a Austria, el país que más recicla de la Unión Europea. Linz ha sido elegida para albergar la que probablemente sea la máquina más moderna de clasificación de papel. Está diseñada para separar plástico, papel y cartón.

“Los cartones, las cajas o los cartones corrugados que separamos para hacer cartón no valen para hacer periódicos pero, en cambio, son muy útiles para la fabricación de cartón”, cuenta Jean-Yves Escabasse, coordinador del proyecto SORT IT. “A la inversa. Las fibras usadas, que sirven para hacer periódicos, y que también encontramos en el papel impreso, fibras blancas, cortas y que contienen diferentes minerales, son perfectas para hacer papel de periódico pero no sirven para hacer cartón, porque éste no sería lo suficientemente resistente”.

La selección es fundamental dado que el papel equivocado en el lugar incorrecto reduce la productividad y aumenta los costes del proceso. Aspectos poco deseables para un sector que quiere competir en el mercado con el del papel nuevo.

Construida en el marco del proyecto de investigación de la Unión Europea “SORT IT”, la planta de clasificación de Linz cuenta con la tecnología más avanzada en este ámbito, como detalla el ingeniero Daniel Sandu:

“La tecnología de detección que usamos es la espectroscopia infrarroja. Cuando se ilumina el papel con una lámpara halógena, todos los elementos orgánicos empiezan a moverse y, según su composición, generan una huella digital diferente. Cada material tiene una huella digital propia, según cómo ha sido producido y según su composición. Esto nos permite distinguir entre los materiales destinados a imprenta y los que no.

El desafío añadido era desarrollar un sistema de sensores que hiciera este proceso de manera rápida, para que se pudieran clasificar toneladas y toneladas de papel por hora con una precisión extrema”.

A la máquina le quedan todavía algunos retoques pero los ingenieros que trabajan en ella aseguran que, una vez terminada, será totalmente automática.

“El futuro es abrir fábricas como esta, de ámbito local, construidas según las necesidades impuestas por el volumen de trabajo, de transporte, por la ubicación de las plantas de reciclaje, o en función de dónde está la gente que va a suministrar el papel”, declara Escabasse.

Una nueva planta de clasificación que, según sus impulsores, simplificará el proceso de selección, contribuyendo de este modo a que cada vez se recoja más papel. Este modelo se podría adaptar, además, a las características propias de cada región. Las ventajas para el medio ambiente serían considerables, como explica Tatjana Karpenja, ingeniera ambiental:

“Cuando se hace papel a partir de fibra virgen, es necesario calentar la fibra, blanquearla y tratarla. Pero para hacer papel reciclado, nos saltamos algunas etapas del proceso, lo que nos permite ahorrar energía, recursos, productos químicos y agua”.

El proceso de reciclaje depende, en gran medida, de la manera en la que se ha llevado a cabo la recogida del papel. Esta es la razón por la que Rumanía participa en este proyecto europeo.

“Los resultados de este programa son importantes para nosotros porque nos pueden ayudar a reciclar, gracias a una mejor selección del papel. Esto nos permite reducir el consumo de energía y de agua, nos ayuda a proteger el medio ambiente y nos da un producto final de mejor calidad”, dice Cristian Banarie, ingeniero de Vrancart.

El cartón que llega al mercado vale la mitad que el producido a partir de fibras nuevas. Para Jean-Yves Escabasse no se trata sólo de una cuestión económica, sino ecológica:

“Llevamos unos 50 años derrochando, viviendo en una sociedad de consumo. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy hemos estado derrochando nuestros recursos. Tenemos que considerar este periodo como una etapa muy breve de la historia de la humanidad. El reciclaje es la única manera de garantizar un desarrollo económico sostenible”.

No hay que olvidar que lo más importante para el desarrollo de la industria del reciclaje es nuestra contribución.