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Las elecciones a medio mandato condicionarán la diplomacia estadounidense.

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Las elecciones a medio mandato condicionarán la diplomacia estadounidense.

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Barack Obama, recompensado con el Nobel de la Paz al principio de su mandato, podría tener ante sí dos años difíciles. Si los republicanos ganan mucho terreno, su margen de maniobra con los dirigentes extranjeros se reducirá considerablemente.

Incluso en Oslo, en el momento álgido de la Obamamanía internacional, hablaba de la dificultad de su posición:

“Soy responsable del despliegue de miles de jóvenes estadounidenses para combatir en una tierra lejana. Algunos matarán, otros morirán. Por eso soy plenamente consciente de lo que significan los conflictos armados”

Herencia de la era Bush, la guerra en Afganistán se empantana. Pese al envío de 30 mil soldados suplementarios, la nueva estrategia contra los talibanes no se traduce en avances significativos: las bajas estadounidenses aumentan, al igual que las de los aliados europeos que arrastran los pies a la hora de enviar más soldados al terreno, como pide Obama.

La retirada de las tropas estadounidenses de Irak, una de sus promesas electorales, no ha permitido pasar página completamente. Aún quedan allí 50 mil soldados, y el futuro del país es incierto, sobre todo porque Irán gana terreno como potencia regional.

Ante la asamblea general de la ONU, Obama ha insistido en mantener su política de mano tendida a Teherán:

“Irán es el único signatario del Tratado de no proliferación nuclear que no puede probar el carácter pacífico de su programa nuclear. Seamos claros: Estados Unidos y la comunidad internacional buscamos una salida a nuestras diferencias con Irán, la puerta de la diplomacia sigue abierta e Irán debería pasar por ella”

La parálisis del diálogo palestino-israelí pese a los esfuerzos de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, podría perpetuarse, sobre todo si Obama sale debilitado en el plano interno. Además, el presidente no puede permitirse perder el apoyo del electorado judío en las presidenciales de 2012.

Acusado por los republicanos de ingenuidad en sus relaciones con China, que se ha convertido en interlocutor global privilegiado de Washington, Obama podría verse obligado a endurecer su diplomacia si los republicanos obtienen buenos resultados el dos de noviembre.