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Néstor Kirchner, timonel de Argentina en la tormenta

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Néstor Kirchner, timonel de Argentina en la tormenta

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Néstor Kirchner heredó en 2003 de Eduardo Duhalde una banda presidencial y un país sumido en una profunda crisis, asfixiado por la recesión más larga de su historia.

Kirchner venía de reflotar económicamente la sureña provincia de Santa Cruz, de la que fue gobernador durante ocho años. Reflotar la economía argentina era harina de otro costal, pero al “visceral” y “apasionado” Kirchner, como le definió Javier Solana, era difícil pararle.
Su obsesión, romper las ataduras con el FMI, al que responsabilizaba de la crisis. Y así fue. En 2005 saldó la deuda de Argentina con el organismo internacional. También renegoció tres cuartas partes de la deuda privada del país.
Argentina retomó el vuelo, con un crecimiento anual del 8 por ciento, con menos desempleo y pobreza.

Kirchner se convirtió en uno de los líderes de la llamada izquierda latinoamericana, junto a figuras como Lula da Silva, Michele Bachelet, Evo Morales o Hugo Chávez. Su presidencia también estuvo marcada por su compromiso con los derechos humanos. Las Madres, hoy Abuelas de la Plaza de Mayo, encontraron en él un interlocutor. Kirchner reabrió procesos contra criminales de la dictadura, reformó el Ejército y la Corte Suprema de Justicia.
Su mandato estuvo, no obstante, salpicado por denuncias de enriquecimiento ilícito.

En 2007, con una popularidad del 60 por ciento, decidió pasar el testigo presidencial a su esposa, Cristina Fernández, a quien se acusaba de influir en las decisiones de su marido. Desde ese momento, fue él quien se convirtió en el poder en la sombra, hasta tal punto que la oposición se refería a la “pareja presidencial”.