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Etiquetando anguilas

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Etiquetando anguilas

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Nos encontramos en el río Loira, al oeste de Francia, y a la captura de un pez misterioso.

“El barco no se mueve. Es la corriente la que arrastra a los peces hasta la red. La red se va ciñiendo poco a poco y el pescado va quedando aquí dentro”, declara Yannick Perraud, pescador.

Y después de tres horas, no han recogido mucho.

“Desde hace 2 o 3 años, hemos notado una disminución de las especies. Los peces se mueven en masa. Hay picos durante las migraciones y por tanto de capturas. Y después no hay más”, afirma Perraud.

Los investigadores a bordo confirman el descenso de la anguila europea, una auténtico manjar para los amantes de su carne y ahora tambien una especie en peligro de extinción.

“Estoy muy preocupado por el descenso de las poblaciones de aguilas. Me preocupa nuestro planeta. Porque esto demuestra que el hombre no es capaz de manejar un recurso que antes era muy abundante en estas corrientes de agua. No olvidemos que la anguila estaba considerada nociva hasta 1984 porque era tan abundante, que se pensabla que perjudicaba a otras especies como el salmón o la trucha. Así que hemos pasado de una situación de gran abundancia a otra con un declive muy marcado, ¿Por qué?, se pregunta Eric Feunteun, ecólogo marino.

Los científicos trabajan en un proyecto de investigación europeo para tratar de responder a esta pregunta mediante un mejor conocimiento de su biología y sus curiosos hábitos migratorios.

Aquí se examina algunos de los diminutos esqueletos para determinar la edad a la que las anguilas abandonan los ríos europeos para dirigirse al Mar de los Sargazos, en el Océano Atlántico, donde se reproducen.

“Ésta procede de España, es española”, explica Laure Virag, bióloga MNHN-Dinard. “Volvió al mar a los 16 años más o menos. Hemos constatado que en el norte de Europa se van más tarde. Esto se explica o bien porque las cuencas están más contaminadas o bien por la temperatura del agua. Es lo que estamos investigando”.

Y a la hora de investigar, los científicos no escatiman esfuerzos. La jornada de pesca empieza muy temprano. No es fácil, porque los expertos lo primero que tienen que hacer es encontrar las mejores especies.

“Las marcas con las que las identificamos pesan mucho. Por eso necesitamos a los ejemplares más grandes. Tienen que pesar por lo menos dos kilos y medio para que puedan llevar una etiqueta que es monotorizada por satélite.

En cuanto a la marca interna, las anguilas pueden pesar un poco menos, a partide un kilo y medio.

Por eso las clasificamos con el pescador. Estas anguilas son las más grandes que pueden ver en el Loira”, declara Feunteun.

Las especies se miden y se pesan. Los ojos y la piel también se clasifican.

Y mientras se hace el proceso de selección, los biólogos aprovechan para estudiar otros parámetros como la profundidad y la temperatura del agua.

“Este mecanismo expulsa la marca de la anguila.

La etiqueta está marcada. Sube a la superficie y flota, con la esperanza de que llegue a tierra.

En la etiqueta hay un mensaje y la dirección de contacto. Si devuelve la etiqueta a su destinatario puede obtener una recompensa. Y nosotros recogemos los datos”, asegura Kim Aarestrup, de la Universidad Técnica de Dinamarca”.

Aquí se anestesia a las anguilas. Y pasan por el quirófano.

“Primero ponemos la aguja debajo de la piel. Ahora paso hilo quirúrgico por el agujero. El hilo mantendrá sujeta la etiqueda. Ahora junto las etiquetas con el hilo y lo coso todo para que no se salga. Esta marca estará aquí unos dos meses. luego se desprenderá y subirá a la superficie hasta llegar a tierra, donde la esperamos recuperarla”, comenta Aarestrup.

Unas marcas similares en las anguilas en Irlanda, España y Suecia han confirmado que las especies canadienses viajan hasta 45 kilómetros cada día y a unos 1.200 metros de profundidad para cruzar el Océano Atlántico.

Sin embargo todavía hay datos que intrigan a los científicos

“Lo que hemos visto es que, una vez en el océano, van a aguas más profundas y frías durante el día y vuelven a las más cálidas de la superficie por la noche. Estos movimientos verticales pueden tener algo que ver con como regulan su temperatura.

También puede tener relación con la manera en que las anguilas comprenden cual es su ubicación.

E incluso puede ser que estos movimientos verticales les permita orientarse, gracias a la fuerza del campo magnético terrestre.

Las anguilas se valen de los cambios de la fuerza del campo magnético de la Tierra y así conocen la dirección que tienen que llevar”, declara David Righton, coordinator del proyecto Eeliad. Y añade:

“Estas subidas y bajadas les pueden servir para saber cuando amanece o un modo de detectar la luz a 300 metros bajo el mar. A esta profundidad, la oscuridad es casi total. No entendemos muy bien por qué las anguilas hacen estas subidas y bajadas durante su migración.

Pero claramente es algo fundamental durante su viaje. Y entendiendo por qué se comportan así, podríamos evaluar el impacto de, por ejemplo, la contaminación, las enfermedades y los parásitos en las anguilas. Definir, por ejemplo, si estos factores debilitan sus desplazamiento o por el contrario les da más energía para conseguir estos movimientos verticales”.

Una vez etiquetadas, están listas para un viaje de 5.000 kilómetros donde se reproducirán. Un periplo del que los investigadores esperan recoger multitud de datos científicos, útiles no sólo para el bienestar del pez y el futuro de la alimentación si no también para los ecosistemas de la Tierra.

“Las anguilas son grandes migrantes. Cuando vemos una de ellas en una gran corriente de agua europea como el Rin o el Loira, quiere decir que ha sido capaz de volver al río y de vivir ahí. Pero cuando no está significa que muchas cosas van mal. Estos peces son un ejemplo de libertad en el Planeta, especialmente en el mundo acuático”, sentencia Feunteun.

Más información en tagURLhttp://www.eeliad.com