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Apoyos y abucheos al disidente Liu Xiaobo

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Apoyos y abucheos al disidente Liu Xiaobo

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A pocos metros del Ayuntamiento de Oslo, los admiradores y detractores de Liu Xiaobo han desplegado sus pancartas. Los primeros piden su liberación, los segundos, lo tratan de criminal.

Puntos de vista que no han llegado a las manos, pero poco ha faltado. Algunos manifestantes en favor del gobierno chino han intentado rasgar las pancartas de tanques en la simbólica

plaza de Tian’anmen que portaban sus contrincantes. La policía los separó sin que hubiese mayores incidentes.

Tampoco los ha habido en los alrededores de la casa del Premio Nobel de la Paz. Su mujer, Liu Xia, se encuentra bajo arresto domiciliario. La zona ha sido acordonada para evitar la presencia de los medios de comunicación. Unas inoportunas obras han aislado completamente el edificio ya que han levantado la calzada, estrechamente vigilada por agentes de policía.

Medidas que el ciudadano de a pie no acaba de comprender puesto que muchos ni siquiera saben quien es Liu Xiaobo.

“¿Liu Xiaobo? No he oido nunca hablar de él”, comenta una ciudadana.

“No sé lo que hace ese señor, aunque he leído algo sobre él en la prensa”, comenta un hombre.

“¿Que si se promueven los derechos humanos en China? No hemos tenido la suerte de desarrollarnos durante siglos como otros países que sí han podido madurar sus sistemas, a China aún le queda mucho camino”, comenta otro ciudadano chino.

Un camino de reformas al que Liu Xiaobo se unió al secundar el movimiento de 1989 reprimido tras la matanza de Tiannament, una plaza, hoy, silenciada.