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En el campo o en la ciudad, pero en la escuela

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En el campo o en la ciudad, pero en la escuela

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La relación entre el campo y la ciudad pasa también por la educación. En algunos países ya se están experimentando iniciativas de formación para revalorizar las zonas agrícolas y en otros se están buscando maneras para escolarizar a los hijos de los emigrantes que llegan a las áreas urbanas. En determinados casos, regresar al campo puede suponer incluso una vuelta a la vida tras haber conocido la miseria de una metrópolis en la que no se ha alcanzado la prosperidad deseada.

En China, un grupo de profesores comprometidos ha creado una serie de colegios para los niños de las familias que emigran a la ciudad. Los “min gongs”, como se conoce a los recién llegados, no gozan del estatus de residentes por lo que les resulta muy caro escolarizar a sus hijos. Gracias a esta iniciativa, considerada ilegal por el Gobierno, pueden enviar a sus niños a la escuela a precios razonables.

Los jóvenes que quisieron probar suerte en la ciudad pero que terminaron errando por las calles tienen una segunda oportunidad en Ciudad Guanella. A 120 kilómetros de Kinshasa (República Democrática del Congo), se encuentra este centro que les reinserta en la sociedad enseñándoles el trabajo del campo.

La tecnología punta también pueden contribuir a luchar contra el abandono de las zonas rurales. En Ecuador lo han entendido y han abierto Escuelas del Milenio, como la de Limoncito, en las que los estudiantes aprenden las labores agrícolas a la vez que se familiarizan con las nuevas tecnologías que les ayudarán a gestionar algún día su propia granja.