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El paro en España

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El paro en España

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Es una imagen simbólica, pero también refleja una realidad.

Desde el principio de la crisis, el paro en España ha alcanzado niveles records. Los españoles siguen sufriendo el desplome del sector de la construcción y según los analistas se necesitarán al menos cuatro años para volver al nivel de antes de la crisis.

“Yo me dedicaba a trabajar en la construcción pero.”

Dice un parado. Otro señor añade: “Las cosas han cambiado. Cada vez hay más paro. La gente lo está pasando fatal.”

El índice de paro en España es, de lejos, el más elevado de la zona Euro, prácticamente el doble de la media.

En el polo opuesto Holanda, Austria y Luxemburgo. Los porcentajes de Francia y Alemania son el 6,7% y 9,8% respectivamente.

El paro en España afecta a los trabajadores de todas las edades, pero sobre todo a los menores de 25 años.

Los sectores que han salido peor parados de la crisis son la industria y la construcción.

Con dos particularidades: la precariedad del empleo, con un 30% de contratos temporales y la sobrecualificación: el 44% de los jóvenes diplomados ocupan puestos en los que sus estudios no les sirven para nada.

Para invertir esa tendencia y hacer que el empleo despegue, hay que cambiar todo un sistema, como señala el director adjunto del diario Expansión, Manuel del Pozo.

“Hay que sanear las cajas de ahorros, hay que flexibilizar el mercado laboral y hay que reformar el sistema de pensiones. Primero hay que hacer eso para que se creen las bases para luego crecer y crear nuevos puestos de trabajo”

Antes de la crisis, la economía funcionaba a pleno gas y creaba empleos.

Pero el despegue se apoyaba demasiado en el ladrillo.

Durante diez años, los constructores multiplicaban los préstamos y las construcciones.

Cuando el mercado inmobiliario cayó en picado, se pasó de construir un millón anual de viviendas a apenas sesenta mil.

En este contexto, la precariedad se ha convertido en la norma. Los empleos de meses o hasta semanas son cada vez más, y por salarios que apenas rozan los mil euros al mes.

Pero los españoles no están dispuestos a aceptar cualquier trabajo. Los empleos tradicionalmente reservados a los inmigrantes siguen sin ser populares entre los solicitantes.