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Protestas ante la primera visita del presidente de Uzbekistán a la Comisión Europea

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Protestas ante la primera visita del presidente de Uzbekistán a la Comisión Europea

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El rápido apretón de manos entre Islam Karimov y Durao Barroso, presidente de la Comisión, ha sido la muestra de la discreción con la que el ejecutivo comunitario ha tratado este encuentro.

Karimov, en el poder desde 1990 y tras unas elecciones consideradas fraudulentas, se encuentra en el punto de mira de numerosas organizaciones pro derechos humanos por su despotismo y su represión contra la disidencia. Unas acusaciones que quedaron patentes en 2005, cuando ordenó a las fuerzas del orden abrir fuego contra opositores al régimen en Andiján. La revuelta culminó con 1.500 personas muertas.

Varias organizaciones no gubernamentales se han congregado en Bruselas para mostrar su repulsa a la invitación de la Comisión para tratar temas principalmente económicos. Consideran que la comisión hace la vista gorda ante su pseudo dictadura para obtener beneficios comerciales.

“Si invitan a un dictador para hablar de energía, lo lógico es que principalmente hablen de energia y de gas y no de derechos humanos”, decía Mutabar Tadjibaeva, activista uzbeka, mientras que Steve Swerdlow, de Human Rights Watch, remarcaba: “No nos importa que el presideten Barroso se reúna con el presidente Karimov, siempre y cuando Barroso esté listo para a poner de relieve de forma pública y abierta las preocupaciones que hay en torno a los derechos humanos en ese país: Algunos activistas pro derechos humanos están en la cárcel, no hay ninguna sociedad civil, se mantiene el uso de mano de obra infantil en la industria del algodón y se siguen dando varias violaciones de otros derechos humanos”.

Karimov se ha reunido además con la cúpula de la OTAN. En el apartado militar, Uzbekistán mantiene una estrecha colaboración con occidente y acoge una base estadounidense en su territorio.