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Los rebeldes del Cáucaso cambian de guarida

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Los rebeldes del Cáucaso cambian de guarida

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Más de una década de atentados en Rusia atribuidos a los islamistas del Cáucaso, más de una década de política de mano dura y ningún viso de tregua.

En 1999, la Rusia dirigida por Yeltsin vive un septiembre negro: cinco atentados contra viviendas civiles, tres de ellos en Moscú, conmocionan al país y desencadenan la segunda guerra de Chechenia.

Vladimir Putin toma el relevo en el Kremlin y promete acabar con los terroristas.

En cuestión de meses, Moscú declara oficialmente el final de la guerra y anuncia la aniquilación de los rebeldes.

Pero en 2002, los terroristas chechenos hacen una nueva demostración de fuerza: un comando suicida secuestra a 800 personas en el teatro Dubrovka, en Moscú, en plena representación.

Al cabo de tres días, el Kremlin lanza una polémica operación de asalto en la que mueren 129 espectadores.

En 2003, año electoral, dos atentados suicidas, en un concierto de rock en Moscú y en un tren en el suroeste del país, causan más de 60 víctimas mortales. Los terroristas chechenos se atribuyen la autoría de la acción.

Pero lo peor estaba por llegar: en 2004, año de las presidenciales, los ataques se multiplican:

41 muertos en el metro de Moscú en febrero.

90 muertos en dos aviones que mujeres suicidas hacen explotar en pleno vuelo. Y el colmo del horror: Beslán. Una toma de rehenes en un colegio en Osetia del Norte.

El balance después del asalto de las fuerzas rusas es de 330 muertos, entre ellos 186 niños, y un traumatismo profundo.

En 2009 se produce un nuevo atentado en un tren. Un año después, el terror vuelve al corazón de la capital rusa con un doble atentado suicida en el metro que cuesta la vida a 40 personas.

El Cáucaso llevaba entonces dos años en manos de una nueva generación de líderes islamistas radicales decididos a exportar el terror a Moscú.

24 horas después de ese ataque, Dimitri Medvedev hace una visita relámpago a Daguestán con un mensaje para los terroristas idéntico al de su predecesor: les atestará las puñaladas que haga falta para acabar con ellos.

Pero la política de mano dura no ha dado el resultado esperado. Aunque se hable menos, desde la pacificación anunciada por el Kremlin no pasa un mes ni una semana sin atentados, dirigidos principalmente contra las fuerzas del orden rusas.

Aunque en Grozny reina una calma aparente, la situación en Chechenia está lejos de haber sido arreglada.

La rebelión se ha desplazado a las repúblicas vecinas, bajo la protección de los islamistas radicales que consiguen reclutar sin dificultades hombres y mujeres con un rencor ilimitado hacia Rusia y sus dirigentes.