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Mubarak: ¿demasiado estratégico para caer?

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Mubarak: ¿demasiado estratégico para caer?

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Ya no tienen miedo del Rais ni del Estado de excepción, en vigor desde hace treinta años en Egipto.

Hasta este mes de enero, nada amenazaba la continuidad de Hosni Mubarak y ahora, sus compatriotas le dicen a cara decubierta que se vaya del poder que acapara desde 1981.

El presidente, de 82 años, dirige con mano de hierro este país de 82 millones de habitantes, el más poblado del mundo árabe, y sobre todo, considerado como un referente político.

En 2005 Mubarak se procura una legitimidad democrática cuando gana las primeras elecciones multipartitas.

Militar, como su predecesor, sucede a Anwar el Sadat cuando este es asesinado por islamistas en 1981. Mubarak cuenta con el apoyo del Ejército.

En noviembre pasado, las elecciones legislativas vuelven a dar una aplastante mayoría al partido del presidente, el Partido Nacional Demócrata.

La vacilante salud de Mubarak nutre el rumor de una eventual sucesión por parte de su hijo, Gamal Mubarak, en las presidenciales de septiembre de 2011.

Gamal Mubarak, de 47 años, ocupa un puesto dominante en el partido Nacional Demócrata, pero no tiene el apoyo del Ejército y es muy impopular.

Ex banquero del Banco de América, fue el inspirador de la liberalización económica iniciada en 2004.

En el Egipto de Mubarak no queda mucho espacio para la oposición, pero el régimen le ha dado el márgen necesario para que se exprese y así, dividirla mejor.

Proscrito pero tolerado, el movimiento de los Hermanos Musulmanes no ha promovido las actuales protestas, y sin embargo, este portavoz del grupo islamista lanza una advertencia al régimen:
“Ya predijimos que cerrar las puertas, falsear las elecciones, elegir a dedo los sindicatos de los trabajadores, impedir a los estudiantes que elijan libremente sus sindicatos, conduciría a una acumulación que ha terminado estallando. Lo que vemos ahora es esa explosión”

Desde la firma de los Acuerdos de Paz de Camp David entre Israel y Egipto en 1978, El Cairo es un socio estratégico de Estados Unidos en Oriente Próximo.

A cambio de reconocer el Estado de Israel, por primera vez en el mundo árabe, Egipto ha recibido miles de millones de dólares de Washington, decidido a preservar al régimen en nombre de la estabilidad.