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El clamor del pueblo egipcio no entiende de toques de queda

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El clamor del pueblo egipcio no entiende de toques de queda

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El clamor de la calle ha llevado a Egipto a un punto de no retorno. Cientos de miles de personas tomaron el viernes las calles en la denominada “jornada de ira”, la cuarta de una rebelión popular que sobrepasa todo lo esperado y en la que ha cristalizado el malestar del pueblo.

“Con treinta años basta. Mubarak lleva todo ese tiempo en el poder. Ha corrompido la sangre de Egipto. Compra forraje para animales en Rusia y nos lo vende a nosotros para comer”, dice un manifestante. “¿Qué quiere que le diga? Mubarak y los suyos son una partida de ladrones”, añade otro.

“Los que quieren el cambio debe saber quien va a tomar el poder después de Mubarak. Todo lo que queremos es cambiar el sistema. Es el régimen el que está corrompido”, se inquieta un hombre con corbata, traje y aspecto de ejecutivo.

Fue también una jornada de violencia, en la que la policía se vio desbordada y Mubarak optó por dejar la situación en manos del ejército. Un ejército que podría ser clave en el futuro inmediato del país y a cuyos tanques y blindados los manifestantes acabaron por subirse en algunos casos.

De la veintena de muertos del viernes, cinco fueron en El Cairo, trece en Suez y dos más en Masura, en el delta del Nilo, reflejo de unas protestas que se extienden por todo el país.

En El Cairo la sede del partido del Gobierno fue arrasada e incendiada. Los camiones de la policía que acudieron al lugar también fueron pasto de las llamas. La policía acabó por desaparecer de escena, mientras el toque de queda, decretado en las principales ciudades, se ha quedado en una mera declaración de intenciones.