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Crisis en Egipto: Obama entre dos fuegos

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Crisis en Egipto: Obama entre dos fuegos

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Difícil dilema el de Obama: qué hacer ante la crisis del que ha sido aliado durante 30 años sin ser acusado de injerencia y sin desfondar la política estadounidense en todo Oriente Medio.

Los ecos del famoso discurso pronunciado en El Cairo durante su visita en junio de 2009 resuenan ahora más que en el verano pasado: “He venido a El Cairo para buscar un nuevo comienzo entre los Estados Unidos y los musulmanes de todo el mundo basado en el mutuo interés y el mutuo respeto”.

La crisis egipcia ha cogido desprevenida a la administración Obama. Después de haber declarado que el gobierno egipcio era estable, la secretaria de Estado Hillary Clinton ha tenido que escoger sus palabras una a una: “Lo que eventualmente va a pasar en Egipto corresponde a los egipcios. Pero para nosotros es importante dejar muy claro que, como socios de Egipto, urgimos a que haya contención por parte de las fuerzas de seguridad”.

Un mensaje que ha sido escuchado por el ejército egipcio. La semana pasada el Pentágono ha pedido contención en una reunión cara a cara con el jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas egipcias, el teniente general Sami Enan. Los militares son un pilar de la asociación entre El Cairo y Washington.

Egipto recibe ayuda militar por valor de mil trescientos millones de dólares al año. Lo que ahora no representa más que el 1% del PIB egipcio era en 1980 el 20% del PIB del país árabe.

Pero la verdadera prueba para Obama en la gestión de la crisis egipcia es evitar que el fuego egipcio se extienda y provoque un incendio por todo Oriente Medio.

Con ochenta millones de habitantes, el canal de Suez por el que se transporta todo el petróleo y el gas hacia Occidente, la pérdida del papel moderador de tensiones con Israel que ejerce Egipto daría alas a Irán y podría incluso acabar por desestabilizar Yemen.

Aliado clave en la lucha contra Al Qaeda, Obama ha hablado con el rey Abdullah de Arabia Saudí el sábado pasado. Como en Egipto, el régimen de Riad está envejeciendo, tiene problemas sociales y un triste record en la violación permanente de los Derechos Humanos. Es el petróleo el que, una vez más, marca la diferencia.